Cuando emerge la esperanza

Hemos llegado al ecuador de la legislatura y los partidos políticos con estructura nacional comienzan a mover ficha en un tablero que ha dejado de tener dos colores Ahora son muchos más. A nivel nacional y a tenor de los últimos movimientos que observamos en el mapa político, se aprecia que, los dos viejos partidos, PP y PSOE, escalan la montaña desde la cual esperan encontrarse con un paisaje por descubrir. Puede que les guste o puede que no. El PP, como viene siendo habitual, lejos de promover ejercicios democráticos de elección, continúa apostando por embriones de poder afines a sus perfiles y objetivos. El PSOE, fracturado y herido en sus vísceras, intenta recomponerse desde sus cimientos. Sin embargo, sus objetivos pasarán por flujos dinamitados por aquellos que se resisten a perder sus parcelas de poder. Podemos ha dejado de ser la candidatura de los antisistemas y anárquicos para convertirse en un proyecto sin rumbo definido, convencidos de que sus antiguos remedios están faltos de condimentos convincentes. Ciudadanos intenta sostenerse en un medio hostil, pervertido por sus conseguidores nacionales y regionales, lo cual ha provocado un goteo incesante de abandonos y expulsiones que debilitan su consolidación en algún segmento social. En dos años ha perdido el 11% de sus representantes en ayuntamientos y diputaciones. Esto, unido a sus bandazos en una tempestad de contradicciones, los hace candidatos a desaparecer del escenario político. Todos los partidos, sin lugar a dudas, dependen de sus bases, afiliados y simpatizantes, para lograr la deseada estabilidad, la cual está en manos de los votantes en última estancia. Desafección política La desafección política, debido a la continua corrupción, provoca en el ciudadano un rechazo como nunca se había visto antes. Es ahí cuando debemos, como ciudadanos inteligentes que somos, usar nuestra herramienta maestra: el voto, para poner las cosas en su sitio. No hablo de quedarnos en casa, hablo de participar, de involucrarnos en el esquema de futuro, en la estrategia de construcción. «Es en este momento cuando aparecen en escena los partidos que defienden la independencia política sin contaminantes externos» Es en este momento cuando aparecen en escena los partidos independientes, no me refiero a aquellos que defienden la independencia territorial, si no a los que defienden la independencia política, los que luchan por su pueblo o ciudad, los que construyen su ciudad con abono ecológico, sin contaminantes externos. Estos partidos nacen precisamente porque existen personas que se decepcionan por la falta de compromiso político de sus representantes. «Nacen porque existen personas que se decepcionan por la falta de compromiso político de sus representantes» No se han formado en formatos políticos juveniles de esos que entran con 15 años y se jubilan con 40 con una renta vitalicia. Son personas de la calle, obreros, empresarios, amas de casa o empleadas de hogar, abogados o fontaneros, dependientas o autónomas. Personas que están hartas de votar a partidos que supeditan sus compromisos a decisiones asamblearias externas. Que anteponen los objetivos de partido por encima de las necesidades de su pueblo. Son personas como usted o como yo, querido lector. Personas, no marionetas al servicio del poder. Crear sinergias La esperanza emerge de los partidos locales y merecen parte de nuestra atención. De hecho, me consta que se están organizando en federaciones y confederaciones, con el objetivo de crear sinergias, y confeccionando proyectos que les permitan, sin perder un ápice de su independencia en sus estrategias locales, construir plataformas con las que acceder a cámaras territoriales y defender nuestros intereses. Son nuestros comercios, nuestros carpinteros, nuestros pescadores… Son nuestra esperanza. Relacionado

Artículo de opinión de Paco Soler

- Escrito el 03 junio, 2017, 1:59 pm
5 mins
Hemos llegado al ecuador de la legislatura y los partidos políticos con estructura nacional comienzan a mover ficha en un tablero que ha dejado de tener dos colores

Ahora son muchos más. A nivel nacional y a tenor de los últimos movimientos que observamos en el mapa político, se aprecia que, los dos viejos partidos, PP y PSOE, escalan la montaña desde la cual esperan encontrarse con un paisaje por descubrir. Puede que les guste o puede que no.

El PP, como viene siendo habitual, lejos de promover ejercicios democráticos de elección, continúa apostando por embriones de poder afines a sus perfiles y objetivos. El PSOE, fracturado y herido en sus vísceras, intenta recomponerse desde sus cimientos. Sin embargo, sus objetivos pasarán por flujos dinamitados por aquellos que se resisten a perder sus parcelas de poder. Podemos ha dejado de ser la candidatura de los antisistemas y anárquicos para convertirse en un proyecto sin rumbo definido, convencidos de que sus antiguos remedios están faltos de condimentos convincentes. Ciudadanos intenta sostenerse en un medio hostil, pervertido por sus conseguidores nacionales y regionales, lo cual ha provocado un goteo incesante de abandonos y expulsiones que debilitan su consolidación en algún segmento social. En dos años ha perdido el 11% de sus representantes en ayuntamientos y diputaciones. Esto, unido a sus bandazos en una tempestad de contradicciones, los hace candidatos a desaparecer del escenario político. Todos los partidos, sin lugar a dudas, dependen de sus bases, afiliados y simpatizantes, para lograr la deseada estabilidad, la cual está en manos de los votantes en última estancia.

Desafección política

La desafección política, debido a la continua corrupción, provoca en el ciudadano un rechazo como nunca se había visto antes. Es ahí cuando debemos, como ciudadanos inteligentes que somos, usar nuestra herramienta maestra: el voto, para poner las cosas en su sitio. No hablo de quedarnos en casa, hablo de participar, de involucrarnos en el esquema de futuro, en la estrategia de construcción.

«Es en este momento cuando aparecen en escena los partidos que defienden la independencia política sin contaminantes externos»

Es en este momento cuando aparecen en escena los partidos independientes, no me refiero a aquellos que defienden la independencia territorial, si no a los que defienden la independencia política, los que luchan por su pueblo o ciudad, los que construyen su ciudad con abono ecológico, sin contaminantes externos. Estos partidos nacen precisamente porque existen personas que se decepcionan por la falta de compromiso político de sus representantes.

«Nacen porque existen personas que se decepcionan por la falta de compromiso político de sus representantes»

No se han formado en formatos políticos juveniles de esos que entran con 15 años y se jubilan con 40 con una renta vitalicia. Son personas de la calle, obreros, empresarios, amas de casa o empleadas de hogar, abogados o fontaneros, dependientas o autónomas. Personas que están hartas de votar a partidos que supeditan sus compromisos a decisiones asamblearias externas. Que anteponen los objetivos de partido por encima de las necesidades de su pueblo. Son personas como usted o como yo, querido lector. Personas, no marionetas al servicio del poder.

Crear sinergias

La esperanza emerge de los partidos locales y merecen parte de nuestra atención. De hecho, me consta que se están organizando en federaciones y confederaciones, con el objetivo de crear sinergias, y confeccionando proyectos que les permitan, sin perder un ápice de su independencia en sus estrategias locales, construir plataformas con las que acceder a cámaras territoriales y defender nuestros intereses. Son nuestros comercios, nuestros carpinteros, nuestros pescadores… Son nuestra esperanza.