«Cuando llegas al Elche te sientes profesional, futbolista de verdad»

- Escrito el 02 mayo, 2018, 9:00 am
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Neyder Lozano es un ejemplo de adaptación y superación

Neyder Lozano se ha convertido en la gran sensación del Elche en la segunda vuelta. Desconocido para el gran público, el colombiano llegó sin hacer ruido y solo necesitó un par de partidos para ganarse la camiseta de titular y meterse a la afición en el bolsillo.

Neyder es fuerte, rápido y contundente en el campo, pero reflexivo y sosegado fuera de él. Religioso y familiar, el defensa lamenta las cicatrices que el narcotráfico y la guerra dejaron en su añorado país.

Llegó a España como un inmigrante más en busca de un sueño y no paró de perseguirlo hasta convertirlo en realidad. “Yo todo lo que me pasa lo valoro mucho, porque sé lo que me ha costado llegar hasta aquí”, resume el colombiano, todo un ejemplo de adaptación y superación al medio.

Usted fue el último en llegar a la plantilla en el pasado mercado de invierno. ¿Cómo marcha su adaptación al equipo y a la ciudad?

Muy bien, me siento como en casa gracias a la gente del club y a la de Elche. Intento adaptarme lo antes posible para que se vea reflejado en mi rendimiento sobre el campo.

Llegó y a jugar. Y del equipo ya no lo movió nadie. ¿Esperaba que fuera todo tan rápido?

No. Sabía que el club había depositado mucha confianza en mí y tenía esa esperanza. Nunca me han regalado nada y estaba preparado para jugar.

Ahora le va todo bien, pero usted ha tenido que picar piedra a lo largo de su vida.

Llevo años en España y no siempre me han ido las cosas como ahora. Estoy en un club como el Elche y es algo que valoro, porque no es fácil para un jugador joven, al que casi nadie conoce, llegar aquí.

Viajemos al pasado. Hábleme de su tierra.

Mi ciudad es Quibdó. Está en un parque natural y es una zona muy rica en biodiversidad. Llueve mucho, clima tropical, mucha naturaleza y prácticamente está rodeado de selva. Luego he vivido en ciudades más civilizadas, por decirlo así. Allí comencé a jugar al fútbol, aunque no hay un equipo grande, sino sub-20.

¿Cuándo decide dar el paso de ser futbolista?

En mi ciudad era muy difícil llamar la atención. La mayoría de los jóvenes tenemos que salir, una vez tengamos el bachillerato, para intentar ser profesionales. Yo me fui a Bogotá, donde jugué en las inferiores de Millonarios.

¿De qué equipo era Neyder de joven?

Del América de Cali. Y lo sigo siendo. Mi ilusión era jugar algún día en ese equipo.

¿Y sus jugadores favoritos?

Iván Ramiro Córdoba, Yepes y Perea de Colombia. Y de fuera Ronaldinho, Robinho…

¿Cómo es su familia?

Normal, gente trabajadora. Siempre nos gustó el fútbol. Tuve familiares que estuvieron cerca de ser profesionales, pero yo he sido el que ha llegado más alto. Por mi madre estoy aquí, en España. Ella decidió venirse sola con la empresa y después vino mi padre. Lo pasamos mal, pero ella peor porque no tenía a nadie en fechas como las Navidades.

A los 18 años decide venir a España, ¿cómo fue el cambio?

Algo duro al principio, pero siempre me sentí complacido. Las cosas costaron, pero todo salió bien.

Joven, extranjero y de raza negra en tierra extraña, ¿tuvo problemas de adaptación, racismo o rechazo?

La adaptación fue complicada, pero no sentí rechazo. Soy negro y es lo que hay, nunca he tenido problemas con eso.

Tenemos la idea, quizás equivocada, de que su país fue durante años el imperio del crimen entre la guerrilla y el narcotráfico. ¿Fue para tanto?

Cuando yo era pequeño la cosa ya había mejorado. Tuve la suerte de no vivir aquella época, pero sí fue muy duro.

Esas cicatrices, ¿siguen abiertas?

Sí, porque toda aquella violencia salpicó y contaminó todo. Incluso al mundo del fútbol y a la selección. Ahora el mundo nos mira por eso, por la cocaína, el narcotráfico y los asesinatos, cuando tenemos cosas tan buenas como la naturaleza, las playas o el café…

Debe ser frustrante que gran parte del mundo identifique antes con Colombia a Pablo Escobar que a Gabriel García Márquez.
«Hay gente que asocia Colombia a muerte, narcotráfico o delitos cuando tenemos muchísimas otras cosas buenas»

Sí, pero es porque nos conocieron más por lo malo que por lo bueno. La gente asocia Colombia a muerte, narcotráfico o delito. Es duro y será complicado quitárselo de encima.

¿Qué piensa de que la serie de televisión Narcos levante pasiones y sea una de las más vistas del mundo?

Yo ni la veo porque ya sé todo lo que pasó, pero lo que vende es eso, lo malo. La gente no quiere vivir esas cosas en sus pies, pero sí saber qué pasó.

¿Se llega a sentir tan cerca la tentación de caer en el lado oscuro de la violencia?

Sí. En mi entorno familiar, por suerte, no. En mi casa nunca faltó el arroz y, como decía mi madre, si hay arroz, sal y huevos, ya se llena el estómago. Yo gracias a Dios he tenido facilidades, pero por ayudar en mi casa hubiera hecho lo que hiciera falta.

Aquí en España se dan ayudas a las personas desempleadas, pero en Colombia te quedas sin trabajo y te quedas sin nada. A mirar para el techo. Tuve compañeros en las selecciones regionales que no tenían la oportunidad de llevar arroz a casa. ¿Qué podían hacer? Pues robar, extorsionar… He tenido gente cercana que cayó en eso. Cuando el estómago está vacío no se piensa con la cabeza.

Se le iluminan los ojos cuando habla de su familia.

Para mí es un pilar fundamental y primordial. Somos una piña. Siempre les estaré agradecido porque me han apoyado a muerte.

¿Habla de fútbol con sus padres?

Sí, mi madre es muy futbolera. Me mete más caña que mi padre. Cuando lo hago mal me lo dice. Tiene el sexto sentido de las madres y siempre te da un consejo que te puede servir.

Poco a poco Colombia está levantando el ánimo gracias al deporte. Tiene grandes jugadores de fútbol, excelentes ciclistas, prometedores atletas…

Somos potentes en muchas cosas y vamos recuperando la imagen. Tenemos jugadores de fútbol en clubes importantes, como James Rodríguez (Bayer), Yerry Mina (Barcelona), Cuadrado (Juventus) o Davison Sánchez (Tottenham). Yerri y Davison son un año mayor que yo y tuvieron la fortuna de dar el salto a Primera antes.

¿Qué echa de menos de su tierra?
«Echo de menos la cultura, la familia y la cercanía de las personas, pero aquí se está bien»

Muchas cosas, como la cultura, la familia y la cercanía de las personas. Pero aquí se está bien. En España hay tranquilidad y facilidad para poder comprar cosas. Como unas zapatillas, que te valen medio sueldo de allí. Al principio cuesta, pero cuando entras en el círculo de vida de aquí se está muy bien.

Usted es muy religioso, mucho más que la media de la gente de su edad. ¿Le ha sorprendido que en España la juventud no sea tan creyente?
«A mí Dios me ha ayudado muchísimo. Me refugié en él y siempre le estaré agradecido»

Un poco. La Iglesia ha hecho que mucha gente dude por cosas como el reparto de la riqueza. Aquí la gente también cree, pero más a la suya. A mí Dios me ha ayudado muchísimo. Me refugié en él y siempre le estaré agradecido. A veces te preguntas cómo Dios puede permitir que te pase algo que no deseas y ahora tengo la respuesta: no era mi tiempo. Las cosas pasan cuando Él quiere dártelas. Por eso estoy en el Elche.

Volvamos al fútbol. Llega a España y le toca buscarse la vida.

Llegué en diciembre y en enero hice las pruebas con el Rayo Vallecano, pero no me cogieron. De ahí me fui al San Marcelino, un equipo juvenil de Valencia, porque tenía una tía que vivía allí y así no perdía el ritmo de juego. Aquello era una oportunidad.

Nunca lo he tenido fácil y sé que cada cosa hay que ganársela. A mí me hace gracia cuando se quejan de los campos sintéticos, no me parecen tan malos comparados con algunos en los que he jugado. Yo todo lo disfruto y lo valoro más porque me ha costado mucho llegar aquí.

Usted era central desde pequeño. ¿Cómo es eso de que durante una época fue extremo? 

Es que al ser negro tienes una ventaja física sobre el resto cuando eres joven. Tienes más potencia. El puesto de central estaba siempre ocupado y un poco por desespero empecé a jugar en otros sitios. Al ser rápido y zurdo siempre tienes un plus. Me tuve que adaptar con tal de jugar al fútbol.

Y de Valencia, vuelta a Madrid…

Al acabar esa temporada probé con el Rayo de Tercera, pero nada. Sí, pero no, lo que pasa siempre. Fui a Valladolid, pero más de lo mismo, e incluso lo intenté en Alemania, en un equipo de quinta división.

¿Alemania? ¿Cómo fue eso?

Fui allí por medio de un señor que me llevó. A mí me daba igual, como si me hubiera tocado ir a China. Con tal de jugar al fútbol, que es lo que me hace feliz, no me importa nada.

¿Y luego el Sanse?

Sí, pero en el equipo B, que estaba en Preferente. No quería estar más tiempo sin jugar ni competir. Después de año y medio Miguel Ángel Marín me devolvió a la posición de central y pude llegar al primer equipo. Debuté y ya lo jugué toda esa temporada. Ahí ya me hicieron contrato de profesional.

Y ese contrato, aunque sea poco, lo es todo.

Cambia mucho la vida. El primer año en Preferente no me daban nada, ni ayuda para el autobús. En el segundo me dieron 100 euritos, pero cuando ya tienes un contrato te cambia todo, aunque sea el mínimo dinero. Ya tienes algo tuyo, ya puedes ayudar a tus padres, aunque no te lo pidan.

¿Y nunca pensó durante el camino dejarlo todo y dedicarse a otra cosa?

Claro que lo pensé, pero siempre tuve el apoyo y la fortaleza de mi familia. Me ha cambiado la vida en dos años. He pasado de pensar en dejarlo y estudiar o trabajar a ser jugador del Elche.

¿Qué hubiera sido de Neyder si no llega a triunfar en el fútbol?
«No me arruga nada, si me toca el día de mañana trabajar en la construcción o vendiendo fruta, lo haré»

Habría estudiado. Ya había trabajado de mozo cubriendo vacaciones. Mientras otros estaban en la playa, yo los sustituía. Llega una edad en que, pese a que eres joven, te sabe mal que tus padres te paguen unas zapatillas o un perfume.

A mí no me arruga nada. Si me toca el día de mañana trabajar en la construcción o vendiendo fruta, lo haré, sin problema. Vengo de una tierra en lo que se trabaja de lo que sea o de lo que se puede.

¿Cuándo sintió que podía vivir del fútbol?

El año pasado. No es normal que un chico pase de Preferente a Segunda B y se haga indiscutible y lo juegue todo. Este era mi año para mejorar, pero salió la oportunidad del Elche y todo se aceleró.

No se lo pensó mucho…

Ya seguía al Elche cuando estaba en Primera. Y cuando juegas en Segunda B, aunque estés en otro grupo, preguntas y te informar por los grandes clubes que están por encima de la categoría, como Elche, Murcia o Recreativo.

¿Qué es lo primero que pensó cuando pisó el club?
«Sería increíble formar parte del equipo que sacó al club de una categoría que no se merece»

Que es de Primera. Aquí te sientes profesional, futbolista de verdad. Llegas nuevo y la gente enseguida te conoce y te da su apoyo. Todo es motivador. Las instalaciones, la gente, las entrevistas… y eso en Segunda B, imagina en otra categoría superior. Sería increíble formar parte de la plantilla que sacó al club de una categoría que no se merece.

¿Qué final de temporada sueña?

Me imagino al Elche jugando la promoción y logrando el ascenso. Es lo que le he pedido a Dios.

Colombia mira mucho a España. ¿Ve posible ir a la selección?

Tengo esa ilusión. Para eso estoy trabajando fuerte, para ser convocado, aunque sea en un micro ciclo de entrenamientos. Ya estuve en las inferiores y, pese a la competencia, me gustaría ir.

Estamos en un buen momento y con ambición. Antes, para la selección ir a los Mundiales ya era un éxito. Ahora va a competir y llegar a cuartos es el objetivo. El fútbol ilusiona mucho al país y hace que se olviden los problemas con la droga, el desempleo y la delincuencia.

Me dijo que no detectó racismo en la sociedad tras su llegada a España. ¿Lo hay en el fútbol?
«Algún tonto hay, pero no he notado racismo y en el fútbol si te dicen algo es solo para que te enciendas y sacarte del partido»

Algún tonto hay, pero sé manejarlo bien. A veces me dicen: ¿negro, has venido en patera? Pero yo les digo: “sí, mi amor” y les mando un beso. Lo hacen para sacarte del partido porque hay compañeros que se encienden, pero yo no.

Cuando me dicen esas cosas, yo también les pico… “A lo mejor a tu madre le gustaría estar con un negro”, les digo. Y los que se encienden son ellos. Yo soy tranquilo, puede parecer que no, pero es difícil que me saquen de mis casillas.