Elche volverá a tener triatlón el 22 de octubre

El proyecto de competición propuesto es de modalidad olímpica, que reduce las distancias a 1’5 kilómetros a nado, 40 en bicicleta y 10 a pie El recorrido partirá desde las aguas del Carabassí, conectará con la ciudad en bicicleta a través del Camp d’Elx y ubicará su último tramo a pie en la ladera del río Vinalopó La Concejalía de Deportes estima el gasto público en unos 30.000 euros que espera cubrir con precios ´moderados` en las inscripciones La iniciativa aspira a destinar los beneficios a la base de las entidades involucradas y a la Fundación del Deporte Ilicitano El triatlón volverá a recorrer las calles de Elche el domingo 22 de octubre. Es la previsión sobre la que una comisión de trabajo, compuesta por la directiva del Club Ilicitano de Triatlón y la Concejalía de Deportes, está diseñando el evento que devolverá al municipio su dosis de esta especialidad en 2017, después de la supresión desde el Ayuntamiento de la prueba Arenales 113 tras doce años de celebración ininterrumpida. El germen del proyecto radica en las dos ediciones que la localidad albergó en 2014 y 2015 bajo la denominación Ciudad de Elche con un formato olímpico que se mantendrá. Esta modalidad establece las distancias a las que deberá hacer frente el medio millar de atletas que la organización espera reunir en 1.500 metros en el agua, 40 kilómetros sobre la bicicleta y diez de carrera. Unos recorridos notablemente menos exigentes que los tradicionalmente propuestos por la depuesta competición en la costa ilicitana (1.900 metros a nado, 85 kilómetros de ciclismo y 21 a pie), y que atraerá a un tipo de triatleta más acostumbrado a la velocidad que a la resistencia. La línea de salida sí coincidirá en localización, puesto que el zambullido inicial se producirá en las playas de Arenales del Sol. Posteriormente, los participantes conectarán la pedanía con la ciudad a través del Camp d’Elx y el Camino Viejo de Alicante, hasta la zona de boxes asentada en el paseo de la Estación. Por último, se prevé que los diez kilómetros de running discurran por la ladera del río Vinalopó. “Está todo bastante bien diseñado y controlado, pero aún faltan algunos flecos por atar, como que la Guardia Civil nos autorice ciertos pasos o que no coincida con que el Elche de fútbol juegue en casa”, precisa Rafael Aledo, presidente del Club Ilicitano de Triatlón y responsable del apartado técnico de la cita. “Es la tercera vez que hacemos el triatlón olímpico de Elche. El año pasado lo tuvimos que aplazar por falta de fechas, porque tiene que coincidir con que la Federación no tenga otra competición o que otro evento le impida a la Policía Local disponer de efectivos para controlar. Son varios aspectos a tener en cuenta”, explica. Inversión pública Desde la dirección de la carrera se asegura que, en cuanto se diriman todos esos pormenores operativos, se abrirá la puerta a los clubes de Elche que deseen involucrarse en su puesta en marcha. “Hablaremos con todos los clubes que quieran participar y serán bienvenidos, pero lógicamente hasta que no lo tengamos cerrado no queremos marear a nadie porque eso al final desgasta”, señala Aledo. A cambio de su labor, la concejalía de Deportes aspira a repartir los beneficios que se obtengan entre todas esas entidades implicadas y la Fundación del Deporte Ilicitano. “El Ayuntamiento nos pide a los clubes que seamos responsables y le demos a la ciudad parte de lo que la ciudad nos da a nosotros, que es muchísimo. Sin toda la maquinaria que se pone a nuestra disposición sería imposible organizar un evento de esta magnitud”, sostiene Rafael Aledo. La inversión pública necesaria se estima cercana a los 30.000 euros, correspondiente a los gastos en recursos humanos, logística, sistemas de cronometraje, transporte, difusión y trofeos. Unas cantidades que se esperan cubrir con un precio asequible en las inscripciones. “Queremos hacer un triatlón para todo el mundo, con precios moderados y reversión en nuestra base de chavales y en la Fundación del Deporte Ilicitano, que tan olvidada estaba”, avanza el concejal de Deportes, Jesús Pareja. Polémica El edil se marca como prioridad la razón por la que se decidió desestimar a finales del año pasado la renovación por decimotercer año consecutivo del triatlón Arenales 113, programado para el próximo 23 de abril: “una contraprestación a modo de convenio” que redundara en el fomento del deporte local. Pareja insiste en el discurso proclamado por entonces en contra de la organización: “No podíamos permitirnos asumir tantos gastos y que ellos dejaran la ciudad hasta el siguiente año sin aportar ni un céntimo. No tenemos nada en contra de esa prueba, que hasta nos parece buena deportivamente, pero debemos mirar por la ciudad y la empresa que la organiza –A300w- es una sociedad limitada con ánimo de lucro, con 100 y 200 euros de inscripciones por los mil triatletas que participaban. Es imposible que dé los más de 7.000 euros de pérdidas que nos presentaban”, detalla. La controversia generada por la determinación de la Administración ilicitana provocó un cruce de recriminaciones que tuvo en el bando opuesto a Ximo Rubert, organizador y director de carrera del Arenales 113 desde su nacimiento. La versión de Rubert siempre fue acompañada de un estudio realizado por la Universidad Miguel Hernández (UMH) que cifraba el impacto económico del acontecimiento en la localidad en torno a unos 400.000 euros. Asimismo, defiende que ninguna ordenanza exige el pago en concepto de lo que se les solicitaba y que, en todo caso, debería ser igual para el resto de eventos deportivos. “Las Administraciones se rigen por los principios que establece la Ley y tiene que haber una ordenanza y unos precios públicos. Nos hemos hartado de pedírselos, pero no nos los mandaron porque saben que se los tendrían que aplicar a todo el mundo y se quedarían sin eventos. Los gestos no existen. O tienes que pagar y hay una tasa que pagamos todos, o no hay que pagar. Pero un impuesto revolucionario y arbitrario, no. Lo que nos han llegado a pedir es de risa”, manifiesta Ximo Rubert, quien se refiere, según ha podido conocer este medio, al sufragio de una silla de acceso a piscinas adaptada para personas con discapacidad. Prosélitos y detractores Los argumentos de Rubert trascienden lo puramente pecuniario e inciden en la rentabilidad social que recibía Elche de ‘su’ triatlón. Por un lado, en su vertiente de repercusión deportiva, como una competición profesionalizada que atraía a participantes de nivel procedentes de toda España y ponía en Elche el foco nacional de la especialidad. También los atletas locales encontraban la oportunidad de descubrir y disfrutar este deporte en casa. “Participé en mi primer triatlón disputando hace tres años la décima edición de Arenales 113 y después de participar en ella, he seguido practicándolo y he disputado varios triatlones más. Y así sigo hasta la fecha. ¿Quién puede negar la influencia de una prueba de estas características en el hecho de que Elche sea, en la Comunidad Valenciana, la ciudad con más clubes de triatlón, con ocho, y que los practicantes de este deporte crezcan día a día?”, declara el triatleta ilicitano Santiago Gambín. “La suspensión me parece una mala noticia, no como aficionado al triatlón, sino incluso como ilicitano. No puede haber objeción a que el fomento del deporte ilicitano sea una prioridad del Ayuntamiento, pero enfrentar esa opción con la celebración de pruebas que no vayan directamente encaminadas a ese fin me parece un tanto simplista”, opina y sentencia que no confía en que la alternativa que prepara Elche haga olvidar a Arenales 113: “No creo posible que se pueda llegar a alcanzar nunca una prueba de estas características que tenga, por una parte, el impacto económico y social que la prueba tenía en la ciudad y, por otra, la relevancia a nivel deportivo de la que gozaba. Si organizar cualquier tipo de prueba deportiva ya es algo muy complicado, hacerlo en una modalidad que exige coordinar tres deportes distintos, con una ocupación territorial y una necesidad de medios tan importante, no es nada sencillo. Buena prueba son las muchas carreras que, después de celebrar una o dos ediciones, dejan de disputarse, abrumados los organizadores con el grandísimo esfuerzo que requieren”. Traslado a Orihuela Otro de los que se ha encargado de aprobar de facto la idea de Ximo Rubert es Dámaso Aparicio, el concejal de Deportes de la ciudad a la que se trasladará la prueba con el pretexto del 75 aniversario del poeta Miguel Hernández, de quien recibirá su nombre, y la experiencia del duatlón que la compañía de Rubert celebra en la capital de la Vega Baja desde hace un lustro. “Cuando me propuso coger el triatlón de Arenales no lo dudé y enseguida tiramos para adelante. No tengo calculado el impacto económico, pero ese fin de semana va a coincidir con vacaciones de Semana Santa y la costa de Orihuela ya estará a tope. La repercusión en cuanto a plazas hoteleras y comercio va a ser muy grande. Los atletas salen nadando de las playas de Orihuela y acaban corriendo por el casco antiguo. Turísticamente va a ser fabuloso. Estamos hablando de alrededor de un millar de triatletas y va a ser un evento bastante importante. Lo hacemos con la intención de mantenerlo de forma permanente. Consideramos que es una maravilla de evento, pero habrá que medir la repercusión”, valora Aparicio. La hostelería de Arenales Sin embargo, no todas las voces lamentan la anulación de Arenales 113. Y es que, lejos de lo que pudiera semejar dada la dimensión de la jornada, la presencia del pelotón de inscritos y sus acompañantes dejaba más que insatisfecha a la hostelería de San Bartolomé de Tirajana y el resto del pueblo. “Ese domingo era peor para nosotros de lo que lo sería por esas fechas sin triatlón. La gente no puede entrar a Arenales con coche porque cierran todos los accesos. Además se montan su propio chiringuito invitando a una paella gigante que obviamente, a los que vivimos de esto, nos perjudica”, afirman desde uno de los bares del paseo marítimo sin querer desvelar su identidad. En idéntica línea y el mismo recelo a darse a conocer se posiciona el gerente de uno de los restaurantes con más larga trayectoria en la zona: “Los que van al triatlón, van a lo que van y luego desaparecen. Tienen todo previsto, hasta la comida. Van comidos y servidos y a nosotros nos revientan. Encima nos ponen en la tesitura que dificultan la entrada a nuestros clientes habituales”, manifiesta aportando posibles soluciones para el futuro: “Enfocándolo bien podría ser beneficioso, igual que en Santa Pola, que debería ser la referencia porque allí la hostelería sale beneficiada. Habría que contar más con los restaurantes y ofrecer trípticos a los visitantes con la gama que existe para dinamizar todo esto y que todos salgamos ganando”. Relacionado

El Ayuntamiento recupera la prueba celebrada en 2014 y 2015, organizada por clubes locales, para dar cabida este año a la especialidad tras la polémica cancelación de la tradicional Arenales 113

- Escrito el 10 marzo, 2017, 8:21 pm
16 mins
  • El proyecto de competición propuesto es de modalidad olímpica, que reduce las distancias a 1’5 kilómetros a nado, 40 en bicicleta y 10 a pie
  • El recorrido partirá desde las aguas del Carabassí, conectará con la ciudad en bicicleta a través del Camp d’Elx y ubicará su último tramo a pie en la ladera del río Vinalopó
  • La Concejalía de Deportes estima el gasto público en unos 30.000 euros que espera cubrir con precios ´moderados` en las inscripciones
  • La iniciativa aspira a destinar los beneficios a la base de las entidades involucradas y a la Fundación del Deporte Ilicitano

El triatlón volverá a recorrer las calles de Elche el domingo 22 de octubre. Es la previsión sobre la que una comisión de trabajo, compuesta por la directiva del Club Ilicitano de Triatlón y la Concejalía de Deportes, está diseñando el evento que devolverá al municipio su dosis de esta especialidad en 2017, después de la supresión desde el Ayuntamiento de la prueba Arenales 113 tras doce años de celebración ininterrumpida.

El germen del proyecto radica en las dos ediciones que la localidad albergó en 2014 y 2015 bajo la denominación Ciudad de Elche con un formato olímpico que se mantendrá. Esta modalidad establece las distancias a las que deberá hacer frente el medio millar de atletas que la organización espera reunir en 1.500 metros en el agua, 40 kilómetros sobre la bicicleta y diez de carrera. Unos recorridos notablemente menos exigentes que los tradicionalmente propuestos por la depuesta competición en la costa ilicitana (1.900 metros a nado, 85 kilómetros de ciclismo y 21 a pie), y que atraerá a un tipo de triatleta más acostumbrado a la velocidad que a la resistencia.

La línea de salida sí coincidirá en localización, puesto que el zambullido inicial se producirá en las playas de Arenales del Sol. Posteriormente, los participantes conectarán la pedanía con la ciudad a través del Camp d’Elx y el Camino Viejo de Alicante, hasta la zona de boxes asentada en el paseo de la Estación. Por último, se prevé que los diez kilómetros de running discurran por la ladera del río Vinalopó.

“Está todo bastante bien diseñado y controlado, pero aún faltan algunos flecos por atar, como que la Guardia Civil nos autorice ciertos pasos o que no coincida con que el Elche de fútbol juegue en casa”, precisa Rafael Aledo, presidente del Club Ilicitano de Triatlón y responsable del apartado técnico de la cita. “Es la tercera vez que hacemos el triatlón olímpico de Elche. El año pasado lo tuvimos que aplazar por falta de fechas, porque tiene que coincidir con que la Federación no tenga otra competición o que otro evento le impida a la Policía Local disponer de efectivos para controlar. Son varios aspectos a tener en cuenta”, explica.

Inversión pública

Desde la dirección de la carrera se asegura que, en cuanto se diriman todos esos pormenores operativos, se abrirá la puerta a los clubes de Elche que deseen involucrarse en su puesta en marcha. “Hablaremos con todos los clubes que quieran participar y serán bienvenidos, pero lógicamente hasta que no lo tengamos cerrado no queremos marear a nadie porque eso al final desgasta”, señala Aledo.

A cambio de su labor, la concejalía de Deportes aspira a repartir los beneficios que se obtengan entre todas esas entidades implicadas y la Fundación del Deporte Ilicitano. “El Ayuntamiento nos pide a los clubes que seamos responsables y le demos a la ciudad parte de lo que la ciudad nos da a nosotros, que es muchísimo. Sin toda la maquinaria que se pone a nuestra disposición sería imposible organizar un evento de esta magnitud”, sostiene Rafael Aledo.

La inversión pública necesaria se estima cercana a los 30.000 euros, correspondiente a los gastos en recursos humanos, logística, sistemas de cronometraje, transporte, difusión y trofeos. Unas cantidades que se esperan cubrir con un precio asequible en las inscripciones. “Queremos hacer un triatlón para todo el mundo, con precios moderados y reversión en nuestra base de chavales y en la Fundación del Deporte Ilicitano, que tan olvidada estaba”, avanza el concejal de Deportes, Jesús Pareja.

Polémica

El edil se marca como prioridad la razón por la que se decidió desestimar a finales del año pasado la renovación por decimotercer año consecutivo del triatlón Arenales 113, programado para el próximo 23 de abril: “una contraprestación a modo de convenio” que redundara en el fomento del deporte local. Pareja insiste en el discurso proclamado por entonces en contra de la organización: “No podíamos permitirnos asumir tantos gastos y que ellos dejaran la ciudad hasta el siguiente año sin aportar ni un céntimo. No tenemos nada en contra de esa prueba, que hasta nos parece buena deportivamente, pero debemos mirar por la ciudad y la empresa que la organiza –A300w- es una sociedad limitada con ánimo de lucro, con 100 y 200 euros de inscripciones por los mil triatletas que participaban. Es imposible que dé los más de 7.000 euros de pérdidas que nos presentaban”, detalla.

La controversia generada por la determinación de la Administración ilicitana provocó un cruce de recriminaciones que tuvo en el bando opuesto a Ximo Rubert, organizador y director de carrera del Arenales 113 desde su nacimiento. La versión de Rubert siempre fue acompañada de un estudio realizado por la Universidad Miguel Hernández (UMH) que cifraba el impacto económico del acontecimiento en la localidad en torno a unos 400.000 euros. Asimismo, defiende que ninguna ordenanza exige el pago en concepto de lo que se les solicitaba y que, en todo caso, debería ser igual para el resto de eventos deportivos. “Las Administraciones se rigen por los principios que establece la Ley y tiene que haber una ordenanza y unos precios públicos. Nos hemos hartado de pedírselos, pero no nos los mandaron porque saben que se los tendrían que aplicar a todo el mundo y se quedarían sin eventos. Los gestos no existen. O tienes que pagar y hay una tasa que pagamos todos, o no hay que pagar. Pero un impuesto revolucionario y arbitrario, no. Lo que nos han llegado a pedir es de risa”, manifiesta Ximo Rubert, quien se refiere, según ha podido conocer este medio, al sufragio de una silla de acceso a piscinas adaptada para personas con discapacidad.

Prosélitos y detractores

Los argumentos de Rubert trascienden lo puramente pecuniario e inciden en la rentabilidad social que recibía Elche de ‘su’ triatlón. Por un lado, en su vertiente de repercusión deportiva, como una competición profesionalizada que atraía a participantes de nivel procedentes de toda España y ponía en Elche el foco nacional de la especialidad. También los atletas locales encontraban la oportunidad de descubrir y disfrutar este deporte en casa. “Participé en mi primer triatlón disputando hace tres años la décima edición de Arenales 113 y después de participar en ella, he seguido practicándolo y he disputado varios triatlones más. Y así sigo hasta la fecha. ¿Quién puede negar la influencia de una prueba de estas características en el hecho de que Elche sea, en la Comunidad Valenciana, la ciudad con más clubes de triatlón, con ocho, y que los practicantes de este deporte crezcan día a día?”, declara el triatleta ilicitano Santiago Gambín.

“La suspensión me parece una mala noticia, no como aficionado al triatlón, sino incluso como ilicitano. No puede haber objeción a que el fomento del deporte ilicitano sea una prioridad del Ayuntamiento, pero enfrentar esa opción con la celebración de pruebas que no vayan directamente encaminadas a ese fin me parece un tanto simplista”, opina y sentencia que no confía en que la alternativa que prepara Elche haga olvidar a Arenales 113: “No creo posible que se pueda llegar a alcanzar nunca una prueba de estas características que tenga, por una parte, el impacto económico y social que la prueba tenía en la ciudad y, por otra, la relevancia a nivel deportivo de la que gozaba. Si organizar cualquier tipo de prueba deportiva ya es algo muy complicado, hacerlo en una modalidad que exige coordinar tres deportes distintos, con una ocupación territorial y una necesidad de medios tan importante, no es nada sencillo. Buena prueba son las muchas carreras que, después de celebrar una o dos ediciones, dejan de disputarse, abrumados los organizadores con el grandísimo esfuerzo que requieren”.

Traslado a Orihuela

Otro de los que se ha encargado de aprobar de facto la idea de Ximo Rubert es Dámaso Aparicio, el concejal de Deportes de la ciudad a la que se trasladará la prueba con el pretexto del 75 aniversario del poeta Miguel Hernández, de quien recibirá su nombre, y la experiencia del duatlón que la compañía de Rubert celebra en la capital de la Vega Baja desde hace un lustro. “Cuando me propuso coger el triatlón de Arenales no lo dudé y enseguida tiramos para adelante. No tengo calculado el impacto económico, pero ese fin de semana va a coincidir con vacaciones de Semana Santa y la costa de Orihuela ya estará a tope. La repercusión en cuanto a plazas hoteleras y comercio va a ser muy grande. Los atletas salen nadando de las playas de Orihuela y acaban corriendo por el casco antiguo. Turísticamente va a ser fabuloso. Estamos hablando de alrededor de un millar de triatletas y va a ser un evento bastante importante. Lo hacemos con la intención de mantenerlo de forma permanente. Consideramos que es una maravilla de evento, pero habrá que medir la repercusión”, valora Aparicio.

La hostelería de Arenales

Sin embargo, no todas las voces lamentan la anulación de Arenales 113. Y es que, lejos de lo que pudiera semejar dada la dimensión de la jornada, la presencia del pelotón de inscritos y sus acompañantes dejaba más que insatisfecha a la hostelería de San Bartolomé de Tirajana y el resto del pueblo. “Ese domingo era peor para nosotros de lo que lo sería por esas fechas sin triatlón. La gente no puede entrar a Arenales con coche porque cierran todos los accesos. Además se montan su propio chiringuito invitando a una paella gigante que obviamente, a los que vivimos de esto, nos perjudica”, afirman desde uno de los bares del paseo marítimo sin querer desvelar su identidad.

En idéntica línea y el mismo recelo a darse a conocer se posiciona el gerente de uno de los restaurantes con más larga trayectoria en la zona: “Los que van al triatlón, van a lo que van y luego desaparecen. Tienen todo previsto, hasta la comida. Van comidos y servidos y a nosotros nos revientan. Encima nos ponen en la tesitura que dificultan la entrada a nuestros clientes habituales”, manifiesta aportando posibles soluciones para el futuro: “Enfocándolo bien podría ser beneficioso, igual que en Santa Pola, que debería ser la referencia porque allí la hostelería sale beneficiada. Habría que contar más con los restaurantes y ofrecer trípticos a los visitantes con la gama que existe para dinamizar todo esto y que todos salgamos ganando”.