José Luis ´Chuti` Molina: «Quiero que el equipo sea trabajador, humilde y ambicioso, como la gente de esta ciudad»

Pablo Verdú José Luis ‘Chuti’ es el gran arquitecto del futuro Elche. El director deportivo está obsesionado con levantar una obra majestuosa a partir de los cimientos que heredó de su predecesor. Pero el técnico manchego es mucho más de lo que pueda llegar a ser su equipo. Hijo de emigrantes, Molina esconde en su interior una apasionante historia de fútbol forjada en campos de tierra tras una adolescencia en Francia. Trabajador obsesivo y sincero, no maquilla su fuerte carácter, en ocasiones arisco para el desconocido. Presume de su trabajo en la cantera, de contar con el cariño de todo el que lo conoce y de haber trabajado en las mejores plazas, aunque en los peores momentos. Ahora persigue un nuevo sueño. “Ver el estadio lleno cantando Aromas Ilicitanos conmigo como director deportivo”, señala. Usted fue un jugador de fútbol modesto y luego un hombre de fútbol base. ¿Cómo acabó siendo director deportivo? Fue una salida hacia adelante. Las circunstancias son las que te empujan. Tuve la suerte de que en el Albacete me ofrecieron ser director de cantera tras coordinar un proyecto para su Fundación en Quintanar del Rey. Surgió esa posibilidad, no lo dudé y me la jugué. Tenía ingresos más altos en mi trabajo, pero aposté por dedicarme al fútbol. Luego de ahí pasas por otros clubes y hasta ahora. Usted regresa a España a los 18 años tras una adolescencia en Francia. ¿Cómo era ´Chuti` Molina como jugador? Regresé por el fútbol. Mi hermano jugaba en el Albacete y yo era lateral. Me cedieron al Manchego de Ciudad Real y luego volví al Albacete. Era un lateral marcador, que podía jugar a veces de central. Era polivalente porque era rápido. Acabé jugando en Tercera y feliz, porque entonces se ganaba mucho dinero. Pero cuando jugaba no aposté al 100 % por el fútbol. ¿Nunca le atormentó no llegar a la élite? No. Sé que siempre es lo que se dice, pero tuve una lesión de rodilla y no quedé bien del todo. Recuerdo que a Alejandro, un chico de mi generación que era lateral, lo cedieron y se quedaron conmigo porque era más polivalente. Luego Alejandro jugó más de 300 partidos en Primera. El destino o la suerte también influyen en el fútbol. «Algunos padres exigen a los hijos lo que ellos no han podido ser» Hable de su exitosa etapa como director de la cantera. Tenía fama de duro. En el Albacete había poca tontería. Puse orden y en una ciudad tan pequeña eso te sentencia. Soy padre y entiendo la frustración de un hijo y de sus padres cuando un niño no juega, pero lo que no tolero es que se haga el ridículo. Hay padres que creen que un niño de 11 años les va a solucionar la vida. Algunos padres exigen a los hijos lo que ellos no han podido ser. Es ridículo. ¿Qué cosas no toleraba en la cantera? Ese estatus social que se crea y que hace que los niños que son muy buenos no se junten con los que no lo son tanto. Algo que también pasa con los padres, que no se relacionan con los padres de hijos que no son tan buenos como el suyo. Esa jerarquía no es buena para los críos e intenté borrar el clasismo. El fútbol tiene unos valores magníficos que hay que potenciar, como la humildad,  el trato igualitario, la competitividad, la superación o el éxito de un compañero que te ayudan a prepararte para lo que te espera en la vida. Habla con pasión del fútbol base. ¿Lo echa de menos? Fue la etapa más feliz de mi vida porque igual descargaba un camión de ropa que hacía 400 fichas en una tarde o me ponía a trabajar la defensa en zona con el cadete A. Ese trabajo es muy bonito, sobre todo cuando pasa el tiempo y logras que Albacete se ponga a la altura de las mejores canteras y les gane. Pero la cantera también desgasta. Los padres, los niños, los representantes… Me dijo una vez Vicente del Bosque que en Madrid daba una baja y no volvía a ver a la familia del niño nunca más o en varios años. Y que en Albacete teníamos más mérito porque al minuto de dar la baja te encuentras con el primo del niño en la panadería, con la tía en el banco y con el padre por la calle. Y eso es una presión difícil de soportar en tu ciudad. Sin embargo, todos los críos a la larga te recuerdan con cariño, a pesar de que hay algún momento en el que tienes que hablarles claro y no mentirles. También quiero aclarar que la inmensa mayoría son padres maravillosos. Por su experiencia, ¿cuándo se debe comenzar a tomar en serio la posibilidad de ser profesional? Con 15 años ya hay proyectos de jugadores, pero no entiendo que niños de 10 años tengan un representante. Creo que los padres tienen que poner coto a esta situación. Usted también es entrenador. ¿Nunca le ha seducido la ideal del banquillo? He enterando en categorías inferiores, pero siempre lo he evitado porque como director deportivo me parece que coger al equipo es un acto de deslealtad al entrenador. No puedo aparentar que le voy a hacer la cama a mi entrenador, aunque yo sea técnico FIFA. De todas formas, lo que te da trabajo es tu profesionalidad, no el carnet. No termina de echar raíces en ningún sitio. ¿Casualidad o es un alma inquieta? Son circunstancias. Como director deportivo comienzo en Valladolid, cuando me llaman para acompañar a García Calvo. Firmo tres años, pero tras el primero llega el Murcia con una oferta espectacular. Y me voy. Y está claro que me equivoco, pero no por el Murcia, sino por la situación del club. El Valladolid sube ese año con un equipo hecho al 95% por García Calvo y yo. En Murcia, pese a saber que me había equivocado, tiré para adelante y con dos millones de presupuesto jugamos la promoción de ascenso. Allí aprendí una gran lección: cuando no haces una apuesta clara por subir los soldados se te van cayendo por los lados hasta la batalla final. Y luego el Betis, donde tuve tres presidentes en un año. El que me fichó lo dejó y tras trabajar con el administrador concursal llegó otro que quiso trabajar con alguien de su confianza. Arreglamos mi salida y me fui, pero de allí me llevo que ayudé a que el equipo ascendiera y a que se valorara a dos chicos de la cantera: Fabián y Ceballos. ¿Cómo le puede servir su etapa en el Murcia para el Elche? O estamos convencidos de lo que hacemos, o nada. Eso es lo que estamos haciendo en el Elche. Tenemos un objetivo muy claro y contamos con gente con la que queremos seguir. En Murcia, empezando por el entrenador, había gente que ya había firmado por otros equipos. Y eso al final se nota. Usted mantiene unos lazos personales muy estrechos con varios jugadores que van más allá de la relación jefe-empleado. Muchos de ellos los he tenido en categorías inferiores, como Matilla, Túñez o Juan Carlos, al que fui a fichar con 15 años. Haces amistad porque les hablas claro y porque conectas. ¿Cómo no te vas a llevar bien con Pelegrín, al que he ido a por él cinco o seis veces? Pelegrín, Dorca y Matilla me preguntaron si íbamos a hacer buen equipo porque ellos me creen. Son gente muy legal, aquí todos los que han venido son gente a la que se le puede decir las cosas. Pero confieso una cosa, los que no juegan son los que más me llegan porque veo su nivel de implicación, como pasa con Hugo Fraile ahora. «La gente que no tiene ni idea dice que el mercado de invierno es malo; solo es malo para el que no sabe» Vayamos al presente. Había dudas, pero el Elche ha encontrado petróleo en el mercado de invierno. La gente que no tiene ni idea dice que el mercado de invierno es malo. Es malo para el que no sabe. Solo hay que saber manejar las cosas y saber qué puedes fichar y qué no. Traer un argentino para seis meses es complicado. Se ha criticado que los que han venido no jugaban en sus equipos. Pues claro. Si hubieran estado jugando no habrían venido, y menos con lo que pagamos. La clave es valorar lo que necesites, saber lo que conoces y en cuento tiempo se pueden poner en forma. «Prefiero trabajar en el Elche en un momento malo que en otros clubs más pequeños aunque estén saneados» Usted llega al Elche porque un director deportivo renuncia a su cargo por la inestabilidad del club. ¿No le da miedo trabajar sobre un volcán? Ya había estado en situaciones más complicadas, como en el Celta, que había pasado de la Champions a pelear por no descender a Segunda B. En estas situaciones lo más importante es no asustarse. Prefiero trabajar en un club con la estructura del Elche en un momento malo que en otros saneados pero más pequeños. Yo prefiero decir, soy José Luis Molina, del Elche. Luego ya me las apañaré. Aquí tengo la suerte de que me han dejado trabajar, aunque el tema económico era complicado. Además, estaba informado de todo. Soy de Albacete, pero veraneo desde hace 30 años en Playa Lisa, paseo por esta zona y como, cuando puedo, en el Batiste. Este ambiente es mi ambiente y las personas que trabajan conmigo son serias. No permitiré bajo ningún concepto que el Elche se vaya a Segunda B. Tiene fama de ser una persona se sangre caliente y con malas pulgas. ¿Por qué? Porque en el mundo del fútbol hay mucho frikismo. No soporto a los mentirosos ni a los que embaucan. Vienen a verme personas que dicen ser grandes representantes y yo siempre les digo lo mismo: ¿qué jugadores españoles llevas? Por ahí ya no tengo un pase. Tampoco admito las amenazas de algunos periodistas. Soy una persona recta que siempre está dispuesta a irse a su casa y esa es mi mejor arma. No me da miedo el futuro y confío en mis cualidades. Sé que tengo capacidad para trabajar en cualquier lado dentro del fútbol y no tengo miedo. Soy independiente y me reconforma saber que la gente que tengo a mi alrededor me adora y que tengo las puertas abiertas de todos los sitios en los que he estado. «En la alta competición hay tanta igualdad que lo único que marca la diferencia es las narices que le echas, porque todo el mundo está muy preparado» Dicen que en los palcos se pone a mil viendo los partidos. Me gustaría a mí ver a Monchi o a Zubizarreta cuando a su equipo le pitan un penalti en el minuto 94. Pues me levanto y me voy porque no quiero ni verlo. Por mis venas corre sangre y nadie me ha regalado nada. En mi casa me enseñaron la cultura del trabajo y en la alta competición hay tanta igualdad que lo único que marca la diferencia es las narices que le echas porque todo el mundo está preparado. ¿Se ve trabajando mucho tiempo en el Elche? Me encantaría estar 15 años y jubilarme en este club. Me gustaría partir de la base de este equipo para hacer uno mejor con algunos de los jugadores que tenemos y con otros que nos podrían ayudar. Como Fabián, por ejemplo. Mi deseo es que siga un año más con nosotros porque para su formación le puede venir muy bien. Dicen que los buenos directores deportivos dejan algo de su personalidad en los equipos. ¿Qué rasgos le gustaría clonar en el Elche? Lo que quiero es que este equipo se parezca a la gente de su ciudad, que es trabajadora, humilde y ambiciosa. Siempre digo que hay que hablar con la boca cerrada y morder con la boca cerrada. Tenemos que marcar una línea y el hecho de que tengamos un entrenador con ideas definidas ayuda. Tengo claro lo que quiero y el consejo, con el presidente a la cabeza, me refuerza para que siga por ese camino. ¿No le genera inquietud que el proyecto pueda cambiar por la llegada de un nuevo propietario? Es algo que puede pasar. No hay ningún problema, lo entendería porque esto es el mundo profesional.  Pero siempre pienso que cuanto mejor lo haga aquí más sitios tendré luego para poder trabajar y para elegir. Esa posibilidad no impide que me deje la piel cada día. «Con esta afición y este estadio, si tuviéramos una ciudad deportiva seríamos imparables» Usted alaba siempre que puede la organización y la estructura del club. ¿Qué le falta, en su opinión, para ser aún más grande? Esta ciudad tiene que ver un Elche nuevo y renovado, con un proyecto de cantera y una ciudad deportiva. La idiosincrasia de un club está en su casa, como sucede con las familias. La ciudad deportiva es tu forma de ser, de vivir. Con esta afición, este estadio y una ciudad deportiva seríamos imparables. «Estoy obsesionado con ver este campo lleno y cantado ´Aromas ilicitanos` conmigo como director deportivo, no lo puedo remediar» Por último, ¿cuál el sueño profesional de ´Chuti` Molina? Estoy muy agradecido al consejo, por cómo me apoya en todo. No les puedo fallar, ni a esta ciudad tampoco. Llevo  muchos años viniendo a Elche, parte de mi familia es de aquí, y este sentimiento  se te mete dentro. Estoy obsesionado con ver este campo lleno y cantado ´Aromas ilicitanos`, no lo puedo remediar. Y lo tengo que ver siendo director deportivo del Elche porque es un placer de la vida que nadie me lo va a quitar.     Relacionado

Entrevista | José Luis ´Chuti` Molina. Director deportivo del Elche CF (Albacete, 18-septiembre-1964)

- Escrito el 10 marzo, 2017, 7:14 pm
20 mins
Pablo Verdú

José Luis ‘Chuti’ es el gran arquitecto del futuro Elche. El director deportivo está obsesionado con levantar una obra majestuosa a partir de los cimientos que heredó de su predecesor. Pero el técnico manchego es mucho más de lo que pueda llegar a ser su equipo. Hijo de emigrantes, Molina esconde en su interior una apasionante historia de fútbol forjada en campos de tierra tras una adolescencia en Francia. Trabajador obsesivo y sincero, no maquilla su fuerte carácter, en ocasiones arisco para el desconocido. Presume de su trabajo en la cantera, de contar con el cariño de todo el que lo conoce y de haber trabajado en las mejores plazas, aunque en los peores momentos. Ahora persigue un nuevo sueño. “Ver el estadio lleno cantando Aromas Ilicitanos conmigo como director deportivo”, señala.

Usted fue un jugador de fútbol modesto y luego un hombre de fútbol base. ¿Cómo acabó siendo director deportivo?

Fue una salida hacia adelante. Las circunstancias son las que te empujan. Tuve la suerte de que en el Albacete me ofrecieron ser director de cantera tras coordinar un proyecto para su Fundación en Quintanar del Rey. Surgió esa posibilidad, no lo dudé y me la jugué. Tenía ingresos más altos en mi trabajo, pero aposté por dedicarme al fútbol. Luego de ahí pasas por otros clubes y hasta ahora.

Usted regresa a España a los 18 años tras una adolescencia en Francia. ¿Cómo era ´Chuti` Molina como jugador?

Regresé por el fútbol. Mi hermano jugaba en el Albacete y yo era lateral. Me cedieron al Manchego de Ciudad Real y luego volví al Albacete. Era un lateral marcador, que podía jugar a veces de central. Era polivalente porque era rápido. Acabé jugando en Tercera y feliz, porque entonces se ganaba mucho dinero. Pero cuando jugaba no aposté al 100 % por el fútbol.

¿Nunca le atormentó no llegar a la élite?

No. Sé que siempre es lo que se dice, pero tuve una lesión de rodilla y no quedé bien del todo. Recuerdo que a Alejandro, un chico de mi generación que era lateral, lo cedieron y se quedaron conmigo porque era más polivalente. Luego Alejandro jugó más de 300 partidos en Primera. El destino o la suerte también influyen en el fútbol.

«Algunos padres exigen a los hijos lo que ellos no han podido ser»

Hable de su exitosa etapa como director de la cantera. Tenía fama de duro.

En el Albacete había poca tontería. Puse orden y en una ciudad tan pequeña eso te sentencia. Soy padre y entiendo la frustración de un hijo y de sus padres cuando un niño no juega, pero lo que no tolero es que se haga el ridículo. Hay padres que creen que un niño de 11 años les va a solucionar la vida. Algunos padres exigen a los hijos lo que ellos no han podido ser. Es ridículo.

¿Qué cosas no toleraba en la cantera?

Ese estatus social que se crea y que hace que los niños que son muy buenos no se junten con los que no lo son tanto. Algo que también pasa con los padres, que no se relacionan con los padres de hijos que no son tan buenos como el suyo. Esa jerarquía no es buena para los críos e intenté borrar el clasismo. El fútbol tiene unos valores magníficos que hay que potenciar, como la humildad,  el trato igualitario, la competitividad, la superación o el éxito de un compañero que te ayudan a prepararte para lo que te espera en la vida.

Habla con pasión del fútbol base. ¿Lo echa de menos?

Fue la etapa más feliz de mi vida porque igual descargaba un camión de ropa que hacía 400 fichas en una tarde o me ponía a trabajar la defensa en zona con el cadete A. Ese trabajo es muy bonito, sobre todo cuando pasa el tiempo y logras que Albacete se ponga a la altura de las mejores canteras y les gane.

Pero la cantera también desgasta. Los padres, los niños, los representantes…

Me dijo una vez Vicente del Bosque que en Madrid daba una baja y no volvía a ver a la familia del niño nunca más o en varios años. Y que en Albacete teníamos más mérito porque al minuto de dar la baja te encuentras con el primo del niño en la panadería, con la tía en el banco y con el padre por la calle. Y eso es una presión difícil de soportar en tu ciudad. Sin embargo, todos los críos a la larga te recuerdan con cariño, a pesar de que hay algún momento en el que tienes que hablarles claro y no mentirles. También quiero aclarar que la inmensa mayoría son padres maravillosos.

Por su experiencia, ¿cuándo se debe comenzar a tomar en serio la posibilidad de ser profesional?

Con 15 años ya hay proyectos de jugadores, pero no entiendo que niños de 10 años tengan un representante. Creo que los padres tienen que poner coto a esta situación.

Usted también es entrenador. ¿Nunca le ha seducido la ideal del banquillo?

He enterando en categorías inferiores, pero siempre lo he evitado porque como director deportivo me parece que coger al equipo es un acto de deslealtad al entrenador. No puedo aparentar que le voy a hacer la cama a mi entrenador, aunque yo sea técnico FIFA. De todas formas, lo que te da trabajo es tu profesionalidad, no el carnet.

No termina de echar raíces en ningún sitio. ¿Casualidad o es un alma inquieta?

Son circunstancias. Como director deportivo comienzo en Valladolid, cuando me llaman para acompañar a García Calvo. Firmo tres años, pero tras el primero llega el Murcia con una oferta espectacular. Y me voy. Y está claro que me equivoco, pero no por el Murcia, sino por la situación del club. El Valladolid sube ese año con un equipo hecho al 95% por García Calvo y yo. En Murcia, pese a saber que me había equivocado, tiré para adelante y con dos millones de presupuesto jugamos la promoción de ascenso. Allí aprendí una gran lección: cuando no haces una apuesta clara por subir los soldados se te van cayendo por los lados hasta la batalla final.

Y luego el Betis, donde tuve tres presidentes en un año. El que me fichó lo dejó y tras trabajar con el administrador concursal llegó otro que quiso trabajar con alguien de su confianza. Arreglamos mi salida y me fui, pero de allí me llevo que ayudé a que el equipo ascendiera y a que se valorara a dos chicos de la cantera: Fabián y Ceballos.

¿Cómo le puede servir su etapa en el Murcia para el Elche?

O estamos convencidos de lo que hacemos, o nada. Eso es lo que estamos haciendo en el Elche. Tenemos un objetivo muy claro y contamos con gente con la que queremos seguir. En Murcia, empezando por el entrenador, había gente que ya había firmado por otros equipos. Y eso al final se nota.

Usted mantiene unos lazos personales muy estrechos con varios jugadores que van más allá de la relación jefe-empleado.

Muchos de ellos los he tenido en categorías inferiores, como Matilla, Túñez o Juan Carlos, al que fui a fichar con 15 años. Haces amistad porque les hablas claro y porque conectas. ¿Cómo no te vas a llevar bien con Pelegrín, al que he ido a por él cinco o seis veces? Pelegrín, Dorca y Matilla me preguntaron si íbamos a hacer buen equipo porque ellos me creen. Son gente muy legal, aquí todos los que han venido son gente a la que se le puede decir las cosas. Pero confieso una cosa, los que no juegan son los que más me llegan porque veo su nivel de implicación, como pasa con Hugo Fraile ahora.

«La gente que no tiene ni idea dice que el mercado de invierno es malo; solo es malo para el que no sabe»

Vayamos al presente. Había dudas, pero el Elche ha encontrado petróleo en el mercado de invierno.

La gente que no tiene ni idea dice que el mercado de invierno es malo. Es malo para el que no sabe. Solo hay que saber manejar las cosas y saber qué puedes fichar y qué no. Traer un argentino para seis meses es complicado. Se ha criticado que los que han venido no jugaban en sus equipos. Pues claro. Si hubieran estado jugando no habrían venido, y menos con lo que pagamos. La clave es valorar lo que necesites, saber lo que conoces y en cuento tiempo se pueden poner en forma.

«Prefiero trabajar en el Elche en un momento malo que en otros clubs más pequeños aunque estén saneados»

Usted llega al Elche porque un director deportivo renuncia a su cargo por la inestabilidad del club. ¿No le da miedo trabajar sobre un volcán?

Ya había estado en situaciones más complicadas, como en el Celta, que había pasado de la Champions a pelear por no descender a Segunda B. En estas situaciones lo más importante es no asustarse. Prefiero trabajar en un club con la estructura del Elche en un momento malo que en otros saneados pero más pequeños. Yo prefiero decir, soy José Luis Molina, del Elche. Luego ya me las apañaré.

Aquí tengo la suerte de que me han dejado trabajar, aunque el tema económico era complicado. Además, estaba informado de todo. Soy de Albacete, pero veraneo desde hace 30 años en Playa Lisa, paseo por esta zona y como, cuando puedo, en el Batiste. Este ambiente es mi ambiente y las personas que trabajan conmigo son serias. No permitiré bajo ningún concepto que el Elche se vaya a Segunda B.

Tiene fama de ser una persona se sangre caliente y con malas pulgas. ¿Por qué?

Porque en el mundo del fútbol hay mucho frikismo. No soporto a los mentirosos ni a los que embaucan. Vienen a verme personas que dicen ser grandes representantes y yo siempre les digo lo mismo: ¿qué jugadores españoles llevas? Por ahí ya no tengo un pase. Tampoco admito las amenazas de algunos periodistas. Soy una persona recta que siempre está dispuesta a irse a su casa y esa es mi mejor arma. No me da miedo el futuro y confío en mis cualidades. Sé que tengo capacidad para trabajar en cualquier lado dentro del fútbol y no tengo miedo. Soy independiente y me reconforma saber que la gente que tengo a mi alrededor me adora y que tengo las puertas abiertas de todos los sitios en los que he estado.

«En la alta competición hay tanta igualdad que lo único que marca la diferencia es las narices que le echas, porque todo el mundo está muy preparado»

Dicen que en los palcos se pone a mil viendo los partidos.

Me gustaría a mí ver a Monchi o a Zubizarreta cuando a su equipo le pitan un penalti en el minuto 94. Pues me levanto y me voy porque no quiero ni verlo. Por mis venas corre sangre y nadie me ha regalado nada. En mi casa me enseñaron la cultura del trabajo y en la alta competición hay tanta igualdad que lo único que marca la diferencia es las narices que le echas porque todo el mundo está preparado.

¿Se ve trabajando mucho tiempo en el Elche?

Me encantaría estar 15 años y jubilarme en este club. Me gustaría partir de la base de este equipo para hacer uno mejor con algunos de los jugadores que tenemos y con otros que nos podrían ayudar. Como Fabián, por ejemplo. Mi deseo es que siga un año más con nosotros porque para su formación le puede venir muy bien.

Dicen que los buenos directores deportivos dejan algo de su personalidad en los equipos. ¿Qué rasgos le gustaría clonar en el Elche?

Lo que quiero es que este equipo se parezca a la gente de su ciudad, que es trabajadora, humilde y ambiciosa. Siempre digo que hay que hablar con la boca cerrada y morder con la boca cerrada. Tenemos que marcar una línea y el hecho de que tengamos un entrenador con ideas definidas ayuda. Tengo claro lo que quiero y el consejo, con el presidente a la cabeza, me refuerza para que siga por ese camino.

¿No le genera inquietud que el proyecto pueda cambiar por la llegada de un nuevo propietario?

Es algo que puede pasar. No hay ningún problema, lo entendería porque esto es el mundo profesional.  Pero siempre pienso que cuanto mejor lo haga aquí más sitios tendré luego para poder trabajar y para elegir. Esa posibilidad no impide que me deje la piel cada día.

«Con esta afición y este estadio, si tuviéramos una ciudad deportiva seríamos imparables»

Usted alaba siempre que puede la organización y la estructura del club. ¿Qué le falta, en su opinión, para ser aún más grande?

Esta ciudad tiene que ver un Elche nuevo y renovado, con un proyecto de cantera y una ciudad deportiva. La idiosincrasia de un club está en su casa, como sucede con las familias. La ciudad deportiva es tu forma de ser, de vivir. Con esta afición, este estadio y una ciudad deportiva seríamos imparables.

«Estoy obsesionado con ver este campo lleno y cantado ´Aromas ilicitanos` conmigo como director deportivo, no lo puedo remediar»

Por último, ¿cuál el sueño profesional de ´Chuti` Molina?

Estoy muy agradecido al consejo, por cómo me apoya en todo. No les puedo fallar, ni a esta ciudad tampoco. Llevo  muchos años viniendo a Elche, parte de mi familia es de aquí, y este sentimiento  se te mete dentro. Estoy obsesionado con ver este campo lleno y cantado ´Aromas ilicitanos`, no lo puedo remediar. Y lo tengo que ver siendo director deportivo del Elche porque es un placer de la vida que nadie me lo va a quitar.