Un jubilado ilicitano y su colección de brandy en busca del récord Guinness

Un jubilado ilicitano guarda en su casa alrededor de 1.300 botellas de brandy y coñac español y francés, una colección que ha recogido durante más de medio siglo y que este año quiere que se reconozca con en el libro Guinness de los récords Una visita a la casa de Manuel Brú significa adentrarse en una especie de museo, un espacio dedicado a la que, confiesa con una gran sonrisa en la cara, ha sido y es una de sus grandes pasiones, el brandy (coñac elaborado fuera de Francia) y el cognac. Una afición desconocida para la mayoría y que guarda casi en secreto en el salón de su casa de Elche, repleto de estanterías de cristal en las que coloca con mimo y orden cada una de las botellas protegidas por cortinas. Incluso ha llegado a tapar algunas de las ventanas de la estancia, por las que ya no entra la luz y que con el paso de los años se ha convertido en un escaparate internacional y centenario de este caldo “digestivo”. Y es que este jubilado, también apasionado por el mundo del calzado, posee probablemente la colección de brandy más grande del mundo, una condición que ha constatado después de investigar en internet durante años, en los que únicamente ha encontrado como rival un mallorquín que tiene “solo” 840 botellas. Manuel cuenta con cerca de 1.300 botellas entre brandy y coñac, aunque señala que el récord Guinness se establecería con las 1.060 que posee de brandy, según le reconocieron hace unos meses desde esta organización a través de un correo electrónico. “Este año espero conseguir el certificado, para que mi esfuerzo e ilusión haya valido para algo”. Y por eso, después de que diversos bodegueros de la zona certificaran el número de botellas que tiene en casa, mandará los documentos necesarios a un notario “para que dé fe y además se encargue de enviarlo al Guinness”. La afición por estas botellas comenzó hace más de 50 años, cuando su madre y él regentaban una pequeña tienda de comestibles y un bar. Al cierre del establecimiento, el joven Manuel se quedó con las sobrantes y, a partir de ahí, inició esta colección hasta la actualidad, puesto que sus últimas cuatro unidades las ha sumado hace apenas unas semanas. «Brú ha destacado que, a diferencia del vino o el licor, el brandy “tiene más alcohol y el líquido es más especial y con más cuerpo”» Además es el caldo que mejor se mantiene con los años”, aunque algunas de las botellas se encuentran a la mitad, sin haber sido descorchadas nunca. Una de las más antiguas data de 1888, que compró en el barrio chino de Barcelona a un precio de 150 pesetas, y una de las más especiales la consiguió por 25.000 pesetas hace más de 40 años, tras pagarla a plazos durante cinco meses. Junto a ellas, caldos de todos los tamaños y formas posibles -de torero, futbolista o soldado español-, incluso con apariencia de figuras de decoración, y de diversas procedencias, como el Reino Unido, Alemania, Portugal, Italia, Francia, México, Andorra y de todas las provincias de España. Para obtenerlas, Manuel aprovechaba sus vacaciones de verano y con el paso de los años cree que algunas podrían tener un valor superior a los 1.000 euros. Manuel juega a la Primitiva y el Euromillón desde que se jubiló y con los beneficios que obtiene -no menos de 30 euros al mes, según asegura- sigue ampliando su colección, aunque cada vez encuentra menos botellas y tampoco quiere pagar “barbaridades”. Por eso desde hace una década Manuel está inmerso en una nueva colección, que le “está enamorando”: comprar botellas de cristal tipo licoreras o bomboneras, que rellena con un mismo brandy, procedente de Hondón de los Frailes (Alicante). A todas ellas, alrededor de 300, les añade una etiqueta propia con su rostro, además de sellos con imágenes de la ciudad, como la Magrana del Misteri d’Elx, la Palmeral Imperial y la Dama de Elche, bajo la denominación M. Brú. Gran Reserva Especial, fundador de la colección de brandys Dama d’Elx 1962. Ha asegurado que vendería su colección de botellas “si alguien estuviera interesado de verdad y las quisiera todas, porque por unas cuantas solo, no la destrozo (la colección)” y, tras estimar que el conjunto “vale un dineral”, no se atreve a poner un precio. A pesar de la afición, Manuel confiesa que en estos más de 50 años no ha probado ninguna de estas botellas, debido a problemas de salud: “Me siento a ver la televisión y las tengo a mi alrededor para disfrutarlas”.   Relacionado

- Escrito el 28 enero, 2017, 1:09 pm
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Un jubilado ilicitano guarda en su casa alrededor de 1.300 botellas de brandy y coñac español y francés, una colección que ha recogido durante más de medio siglo y que este año quiere que se reconozca con en el libro Guinness de los récords

Una visita a la casa de Manuel Brú significa adentrarse en una especie de museo, un espacio dedicado a la que, confiesa con una gran sonrisa en la cara, ha sido y es una de sus grandes pasiones, el brandy (coñac elaborado fuera de Francia) y el cognac.

Una afición desconocida para la mayoría y que guarda casi en secreto en el salón de su casa de Elche, repleto de estanterías de cristal en las que coloca con mimo y orden cada una de las botellas protegidas por cortinas.

Incluso ha llegado a tapar algunas de las ventanas de la estancia, por las que ya no entra la luz y que con el paso de los años se ha convertido en un escaparate internacional y centenario de este caldo “digestivo”.

Y es que este jubilado, también apasionado por el mundo del calzado, posee probablemente la colección de brandy más grande del mundo, una condición que ha constatado después de investigar en internet durante años, en los que únicamente ha encontrado como rival un mallorquín que tiene “solo” 840 botellas.

Manuel cuenta con cerca de 1.300 botellas entre brandy y coñac, aunque señala que el récord Guinness se establecería con las 1.060 que posee de brandy, según le reconocieron hace unos meses desde esta organización a través de un correo electrónico.

“Este año espero conseguir el certificado, para que mi esfuerzo e ilusión haya valido para algo”. Y por eso, después de que diversos bodegueros de la zona certificaran el número de botellas que tiene en casa, mandará los documentos necesarios a un notario “para que dé fe y además se encargue de enviarlo al Guinness”.

La afición por estas botellas comenzó hace más de 50 años, cuando su madre y él regentaban una pequeña tienda de comestibles y un bar. Al cierre del establecimiento, el joven Manuel se quedó con las sobrantes y, a partir de ahí, inició esta colección hasta la actualidad, puesto que sus últimas cuatro unidades las ha sumado hace apenas unas semanas.

«Brú ha destacado que, a diferencia del vino o el licor, el brandy “tiene más alcohol y el líquido es más especial y con más cuerpo”»

Además es el caldo que mejor se mantiene con los años”, aunque algunas de las botellas se encuentran a la mitad, sin haber sido descorchadas nunca.

Una de las más antiguas data de 1888, que compró en el barrio chino de Barcelona a un precio de 150 pesetas, y una de las más especiales la consiguió por 25.000 pesetas hace más de 40 años, tras pagarla a plazos durante cinco meses.

Junto a ellas, caldos de todos los tamaños y formas posibles -de torero, futbolista o soldado español-, incluso con apariencia de figuras de decoración, y de diversas procedencias, como el Reino Unido, Alemania, Portugal, Italia, Francia, México, Andorra y de todas las provincias de España.

Para obtenerlas, Manuel aprovechaba sus vacaciones de verano y con el paso de los años cree que algunas podrían tener un valor superior a los 1.000 euros.

Manuel juega a la Primitiva y el Euromillón desde que se jubiló y con los beneficios que obtiene -no menos de 30 euros al mes, según asegura- sigue ampliando su colección, aunque cada vez encuentra menos botellas y tampoco quiere pagar “barbaridades”.

Por eso desde hace una década Manuel está inmerso en una nueva colección, que le “está enamorando”: comprar botellas de cristal tipo licoreras o bomboneras, que rellena con un mismo brandy, procedente de Hondón de los Frailes (Alicante).

A todas ellas, alrededor de 300, les añade una etiqueta propia con su rostro, además de sellos con imágenes de la ciudad, como la Magrana del Misteri d’Elx, la Palmeral Imperial y la Dama de Elche, bajo la denominación M. Brú. Gran Reserva Especial, fundador de la colección de brandys Dama d’Elx 1962.

Ha asegurado que vendería su colección de botellas “si alguien estuviera interesado de verdad y las quisiera todas, porque por unas cuantas solo, no la destrozo (la colección)” y, tras estimar que el conjunto “vale un dineral”, no se atreve a poner un precio.

A pesar de la afición, Manuel confiesa que en estos más de 50 años no ha probado ninguna de estas botellas, debido a problemas de salud: “Me siento a ver la televisión y las tengo a mi alrededor para disfrutarlas”.

 

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