«La lesión de rodilla me hizo mejor persona»

- Escrito el 02 febrero, 2018, 12:00 pm
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Benja Martínez / Delantero del Elche C.F. (Sant Cugat del Vallés -Barcelona-, 23-agosto-1987)

Benja fue el buque insignia de los fichajes del Elche para lograr el retorno a Segunda. El ariete catalán, máximo goleador de la competición la pasada temporada, esconde una espectacular historia de constancia y superación que, sin él pretenderlo, es una lección de vida para todos.

Una grave lesión en la rodilla no solo desvió su trayectoria que parecía imparable, sino que le hizo conocer la cara más amarga del fútbol y de la vida. Tras año y medio de lucha, Benja no solo derrotó a la lesión, sino que salió de ella, según confiesa, mejor jugador y persona.

Amable, sencillo y solidario, Benja huyó de la portería de niño para perseguir goles por toda España. Tuvo la suerte de jugar junto a su ídolo, Henry, y afronta cualquier tema, por polémico que sea, con la misma gallardía con la que encara a los defensas rivales. “No hay que obsesionarse con querer más, sino disfrutar de lo que ya tienes”, aconseja.

¿Cómo llegó Benja al mundo del fútbol?

Por tradición familiar. Soy el pequeño de cinco hermanos y mi padre lo practicaba. De hecho en casa se respiraba fútbol porque hasta mis hermanas jugaban.

Empecé a jugar en Sant Cugat a los seis años junto a mis sobrinos, que eran gemelos y un año mayor que yo. Solo yo llegué al profesionalismo.

¿Y ya era goleador de pequeño?

Qué va. Era portero. Como era grande y ocupaba mucho mi padre me mandó a la portería. A los dos o tres años lo dejé porque me aburría. Necesitaba más contacto con el balón y pasé de un área a otra.

Y ahí comienza un periplo por varios equipos catalanes…

Sí. Estuve en el Mercantil de Sabadell y después en el Damm, que es la tercera gran cantera de Cataluña. De ahí me llamó el Espanyol, pero no llegué a jugar con ellos porque me cedieron al Europa.

¿De qué equipo era de pequeño?

Era del Betis, pero por llevar la contraria a mi padre. Me gustaba Alfonso, Finidi, Asunçao… Pero cuando te vas haciendo mayor ya te toca más el club de casa, que es el Barça.

¿Y quién era su ídolo?
«Tuve la suerte de entrenar y jugar con mi ídolo, Henry, pero nunca se lo dije por vergüenza»

Thierry Henry. Cuando tenía 14 años comencé a fijarme en él. Tuve la enorme suerte de jugar junto a mi ídolo, aunque nunca se lo dije por vergüenza. Me daba corte.

¿Qué recuerdos guarda de su paso por el Barcelona?

Muy buenos. Pasó todo muy deprisa. Estaba cedido en el Reus y me llamaron para que regresara en el mercado de invierno. Yo estaba cómodo en mi zona de confort, pero era un gran paso. A los dos días de estar en el filial me dijeron que tenía que entrenar con el primer equipo. Pasé del Reus a estar con Guardiola, Puyol, Messi o Henry.

¿Y cómo se metaboliza ese cambio?

Tenía 21 años y fue un shock, pero te adaptas porque es una experiencia bonita. Los primeros días estás nervioso, pero acabas disfrutando de gente como Xavi, Iniesta, Piqué y Messi…

Aquel filial tenía un equipazo, casi todos son jugadores consagrados.

Estaba Sergi Roberto, Thiago y Rafinha Alcántara, Tello, Bartra, Muniesa, Montoya, Soriano, Nolito, Oier… Todos en Primera. Quedamos subcampeones de Segunda. Había un grupo muy bueno, porque si no hay grupo bueno no se hace un equipazo y eso fue mérito del entrenador.

Luis Enrique fue clave en su carrera.

Sí, desde fuera puede parecer una cosa, sobre todo a los medios porque no dice tópicos y va de frente, pero es un tío espectacular.

Ya estaba en el penúltimo escalón, ¿se veía con opciones de asaltar el primer equipo del Barcelona?

Pues es un contraste, porque te ves cerca, a un paso, y lejos a la vez. Asumes que tienes pocas opciones de dar el salto, pero a la vez sabes que este club te puede abrir otras puertas.

¿Qué anécdota guarda de esa época?

Muchas, pero sobre todo una de Messi. Recuerdo que durante una pretemporada fuimos a una gira en Corea y China. Messi tenía que jugar sí o sí porque venía en el contrato y si él no iba el club perdía dos millones de euros.

El problema es que él estaba en Argentina, no sé si en un torneo o con su selección. Hizo el viaje de su país a Barcelona y de allí a Corea sin descansar. Se quedó dormido, reventado, en la camilla cuando llegó al estadio.

Yo salí de inicio y a él lo llamaron para que jugara los últimos 15 minutos del primer tiempo, que era el mínimo exigido. Se despertó y sin calentar salió al campo. Metió dos goles, lo cambiaron y se volvió a dormir.

Cuando ves eso te das cuenta de que es superior a cualquier jugador que te puedas encontrar. Cualquiera que se compare con él sale perdiendo.

Y se acaba el Barça y toca hacer la maleta…

Había mucha competencia y me fui a Girona, cerca de casa.

Le tocó adaptarse a otro juego, a tener menos contacto con el balón. ¿Cómo se lleva el cambio de estilo?

Con normalidad. Ningún jugador es igual con el paso de los años, vas aprendiendo y te adaptas a lo que tu cuerpo puede hacer o a lo que te piden.

Y en Montilivi llega el momento clave de su carrera deportiva. En su mejor momento goleador y lanzado el equipo hacia Primera se destroza la rodilla izquierda.

Las lesiones siempre marcan a cualquier jugador. Me llegó en mi mejor momento, cuando había anotado once goles. Esa lesión me dejó 14 meses parado. Me pilló con 26 años, en el momento de impulso para cumplir el sueño de jugar en Primera.

¿Qué pasa por su cabeza durante todo ese tiempo?

Lo pasé muy mal. Soy una persona positiva, pero te entran las dudas porque ves que no avanzas. Pasé tres veces por el quirófano, por recaídas y molestias. Por suerte me rodeé de buenos profesionales, como el doctor Cugat. Sin él no hubiera vuelto a jugar.

¿Qué aprendió durante esa etapa?
«Los jugadores somos un producto y cuando nos rompemos perdemos valor, ya no nos quieren»

A valorar las cosas y a conocer a la gente. Antes de la lesión me llamaban cada semana los representantes porque mis números eran increíbles. Un mes después de la lesión ya no me llamaba nadie.

Al final, por desgracia, somos un producto y cuando nos rompemos perdemos valor y no nos quieren. No se tiene en cuenta que debajo del jugador hay una persona. La experiencia fue mala, pero sirve para saber quién está a tu lado y quién no. Llegue a ir al psicólogo porque fue un momento muy duro.

Pero se levantó y aquí está de nuevo.

No es que le dé las gracias a la lesión, pero a mí me cambió. He mejorado como persona.

¿Cómo?

Antes era mucho más egoísta y ahora relativizo las cosas. Al final, el ser humano aprende a base de hostias y el que no lo hace así es que es un genio. Yo tuve una fase de bloqueo mental, pero cuando vas a rehabilitación y conoces gente con otras lesiones y problemas las cosas se aclaran.

Pese a todo, no guardo un mal recuerdo de esa etapa. En parte sí, pero por otro lado fue un reto que me puso la vida y que superé.

Dígame un secreto, ¿cómo se lleva eso de que todos los compañeros de equipo acaben jugando en Primera y usted no?
«No pienso en los compañeros que llegaron arriba, sino en todos los que se quedaron en el camino por mala suerte»

Bien. Nos hemos acostumbrado a fijarnos en los que están arriba y a compararnos siempre con ellos, pero no pensamos en los que se han quedado abajo, a veces con más calidad, pero con peor suerte. Siempre nos comparamos con el que tiene más.

Y si lo alcanzamos vamos a por el siguiente de arriba. Y así nunca llegas a ser feliz porque quieres más y más. Llega un momento en que tienes que compararte contigo mismo y no ponerte límites, ser feliz con lo que tienes.

Volvamos al fútbol. Y cuando vuelve a jugar, tiene una experiencia doblemente dolorosa con Córdoba y Las Palmas.

Si, salí mal del Córdoba. No estaba recuperado del todo y no podían esperarme. Creo que faltó sensibilidad. A los dos meses Las Palmas apostó por mí de forma decidida.

Y casualidades de la vida, nos jugamos el ascenso contra el Córdoba. Fue aquel partido del gol en el descuento después de la invasión de campo.  Es lo más fuerte que he visto en mi vida. Fue un drama.

La cosa no mejoró mucho después…

No, me fui al Sabadell cedido y el equipo bajó a Segunda B. Jugué poco y fue un año raro. Al año siguiente me fui al Llagostera y también bajé. Pero que la gente de Elche no se asuste, que cuando me voy de los sitios los equipos acaban subiendo, como Girona, Las Palmas o Córdoba.

Y llega la oferta de la Cultural, otro grupo y otra categoría.

Veía que no arrancaba y decidí dar un paso atrás. Y salió el mejor año de mi vida. Apostaron fuerte por mí y se juntó todo: equipazo, ciudad volcada y un entrenador con ideas atractivas.

Marca 24 goles y es el mejor delantero de la categoría, pero le dan la baja. ¿Qué pasó?

Que decidieron prescindir de mí por cuestiones deportivas. La verdad es que fue un palo porque estaba a gusto en la ciudad. No hubo motivos extradeportivos, solo que el entrenador quería un jugador más dinámico.

Y con usted en el mercado comienzan a llover las ofertas. ¿Por qué elige el Elche?

Lo decidí bastante rápido porque el Elche mostró mucho interés por mí desde el primer momento. Me gustó el proyecto y el equipo que querían hacer. Sé que aquí hay presión porque el objetivo es claro, pero no me equivoqué al elegir y ojalá podamos conseguir el ascenso.

El inicio de temporada fue idílico, pero la competición les ha puesto con los pies en el suelo.

La Segunda B es muy puñetera, sobre todo el Grupo III, en que cualquiera te puede ganar. El Grupo I, salvo dos o tres equipos, es más flojo, pero aquí hay buenos rivales y los campos son una dificultad. Además, somos el Elche y cada rival quiere hacer el partido de su vida contra nosotros.

Algo de culpa también tendrán ustedes…

Por supuesto, no hemos estado bien en varios partidos. Pusimos el listón muy alto y eso hace que te exijan según le das a la gente. Si das un nueve y luego empiezas a bajar a un seis o un cinco los aficionados no se conforman. En el aspecto mental también nos afectó la salida de Mir, los líos en el club…

¿El ruido institucional afecta al equipo?

No es que cuando empieza el partido tengas la cabeza en esas cosas, pero solo con que durante la semana se hable mínimamente de eso ya afecta un poco. Han pasado cosas raras aquí en Elche en los últimos años y la gente está muy quemada.

Nosotros tenemos que ser conscientes de todo lo que se ha vivido y ayudar en lo que podamos. Somos los primeros que queremos lo mejor para el club porque si ganamos partidos va a ver buen rollo y seremos más felices en nuestras casas y haremos más felices a la gente.

Benja parecía el 9 del Elche, pero le ha salido una dura competencia con Sory Kaba. ¿Cómo lleva esa rivalidad deportiva?
«Cuando marca Sory me alegro como si el gol fuera mío, porque la clave para subir es pensar en el grupo por encima de lo personal»

Muy bien. Sory es un chaval joven con muchas condiciones. Yo era consciente, cuando firmé, que venía a un club que no es de Segunda B y que en su plantilla iba a haber jugadores de calidad.

Salvo el año de la Cultural, siempre he tenido una competencia brutal en la delantera y siempre me he llevado bien con mis compañeros. Cuando marca Sory me he alegrado como si el gol fuera mío, porque al final la clave para subir es pensar en el bien del grupo por encima del personal.

¿Qué es lo que más le fascina del Elche?

Son muchas cosas, como el club, la ciudad y el estadio. Desde que llegué aquí no he parado de imaginarme lo que tiene que ser jugar una promoción con este campo lleno de gente. Tiene que ser algo increíble.

¿Cree que aún hay tiempo para pelear por el campeonato?

Creo que sí. Todos nos marcamos como reto ser campeones porque es el camino más fácil hacia el ascenso. Pero también hay otras opciones. Cada año se cuela un tercero o un cuarto y da la sorpresa. Para mí no es tan importante la posición que ocupes como el llegar bien a los últimos cinco partidos.

Hasta ahora ha tenido una vida inquieta, de aquí para allá con la maleta a cuestas. ¿Se ve echando raíces en Elche?

¿Por qué no? Aunque es algo que no me preocupa. Desde que tuve la lesión vivo día a día, partido a partido. La vida me ha demostrado que no puedes hacer planes porque un día, en un solo minuto, todo puede cambiar.

Por cierto, usted es de Barcelona y toda su familia está allí. Sin entrar en opiniones políticas, ¿cómo ha llevado estos meses toda la polémica del conflicto catalán?

Con preocupación. Yo soy muy pacífico y siempre intento buscar el punto medio y comprender a todas las partes. Ninguno de los dos tiene la verdad absoluta. Creo que todos deberíamos escucharnos más.

Los deportistas lo pasan mal opinando de estas cosas, ¿verdad?

A mí no me molesta, pero no deja de ser un marrón porque digas lo que digas te van palos por un lado o por el otro.