La Universidad y la ciudad que la alberga

El diccionario de la lengua española de Covarrubias, de 1611, definía la Universidad como “comunidad y ayuntamiento de gentes y cosas” Es necesario rescatar esa concepción de la Universitas como parte de la sociedad en el tiempo actual, en el que, por diversos factores, pesa sobre esta institución el riesgo de convertirse en una mera tramitadora de títulos. «Pesa sobre esta institución el riesgo de convertirse en una mera tramitadora de títulos» Las Universidades son centros de enseñanza superior, de investigación, desarrollo e innovación, pero, por encima de esto, son espacios de razonamiento, de crítica y de sosiego. Estas cualidades se hacen necesarias en la era moderna tecnológica en la que, para bien y para mal, todo tiene una respuesta rápida y sencilla. «Que la Universidad participe de la sociedad y ésta beba de aquella, crea una sinergia que multiplica el valor de ambas» Pues bien, estas características que definen a las Universidades deben alcanzar un perímetro mayor al de su campus. Traspasar la realidad universitaria al plano local y viceversa, respetando la propia autonomía e individualidad de cada una, enriquece al medio y les rescata del aislamiento. Que la Universidad participe de la sociedad y ésta beba de aquella, crea una sinergia que, sin duda, multiplica el valor de ambas. Proyección bidireccional Esta compleja integración de dos entes permite devolver a la Universitas su propia esencia, su original significado: que se conforme por el ayuntamiento de gentes y cosas. Véase, en este sentido, que el término ayuntamiento hace referencia a la acción de juntarse y qué mejor unión -y comunión- que la que pueda darse entre la Universidad y su ciudad. Uno de los ejemplos más evidentes de ello es la existencia de los Consejos Sociales de las Universidades, fiel reflejo de su función social. Recientemente, el Consejo Social de la Universidad Miguel Hernández ha concedido sus premios anuales, en los que reconoce la actividad docente e investigadora de la comunidad universitaria, pero también la actividad cultural, social y empresarial del municipio de Elche y su comarca. Para cuidar este engranaje se necesita de una proyección bidireccional que va más allá y que exige que ciudad y Universidad, desde su independencia, tengan siempre la voluntad de encontrarse. Relacionado

Artículo de Paloma Arrabal | Profesora de derecho procesal UMH

- Escrito el 03 abril, 2017, 9:30 am
3 mins
El diccionario de la lengua española de Covarrubias, de 1611, definía la Universidad como “comunidad y ayuntamiento de gentes y cosas”

Es necesario rescatar esa concepción de la Universitas como parte de la sociedad en el tiempo actual, en el que, por diversos factores, pesa sobre esta institución el riesgo de convertirse en una mera tramitadora de títulos.

«Pesa sobre esta institución el riesgo de convertirse en una mera tramitadora de títulos»

Las Universidades son centros de enseñanza superior, de investigación, desarrollo e innovación, pero, por encima de esto, son espacios de razonamiento, de crítica y de sosiego. Estas cualidades se hacen necesarias en la era moderna tecnológica en la que, para bien y para mal, todo tiene una respuesta rápida y sencilla.

«Que la Universidad participe de la sociedad y ésta beba de aquella, crea una sinergia que multiplica el valor de ambas»

Pues bien, estas características que definen a las Universidades deben alcanzar un perímetro mayor al de su campus. Traspasar la realidad universitaria al plano local y viceversa, respetando la propia autonomía e individualidad de cada una, enriquece al medio y les rescata del aislamiento. Que la Universidad participe de la sociedad y ésta beba de aquella, crea una sinergia que, sin duda, multiplica el valor de ambas.

Proyección bidireccional

Esta compleja integración de dos entes permite devolver a la Universitas su propia esencia, su original significado: que se conforme por el ayuntamiento de gentes y cosas. Véase, en este sentido, que el término ayuntamiento hace referencia a la acción de juntarse y qué mejor unión -y comunión- que la que pueda darse entre la Universidad y su ciudad.

Uno de los ejemplos más evidentes de ello es la existencia de los Consejos Sociales de las Universidades, fiel reflejo de su función social. Recientemente, el Consejo Social de la Universidad Miguel Hernández ha concedido sus premios anuales, en los que reconoce la actividad docente e investigadora de la comunidad universitaria, pero también la actividad cultural, social y empresarial del municipio de Elche y su comarca.

Para cuidar este engranaje se necesita de una proyección bidireccional que va más allá y que exige que ciudad y Universidad, desde su independencia, tengan siempre la voluntad de encontrarse.

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