Pasión por la Semana Santa

El ritmo antiguo de los tambores y las cornetas anuncia la llegada El sonido seco e incesante crea un ambiente dramático que eriza la piel del espectador. A lo lejos, se visualizan los primeros nazarenos. Mujeres y hombres conducen un trono por las calles ilicitanas a paso firme y metódico, algunos con los pies descalzos y encadenados portadores de promesas. Una fila de rostros que reflejan el cansancio y la satisfacción. El olor a incienso se propaga entre la multitud y los niños esperan impacientes los caramelos mientras preparan sus bolsas. Es Semana Santa. Siete días de celebración, tradición y cultura donde se recuerda la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Miles de personas se movilizan para disfrutar de esta festividad. Una representación con una gran carga humana que esconde mucha preparación y el esfuerzo de todo un año. El número de ensayos de la Cofradía la Caída se reduce, pero las jornadas se intensifican aumentando el peso de carga en el trono A pesar de que el número de ensayos de las cofradías y hermandades se ha reducido, las convocatorias son más intensas e incluso el peso de los tronos se ha doblado. La Hermandad y Cofradía de Ntro. Padre Jesús de la Caída y María Stma. del Rosario es una de las cofradías que ha cambiado la metodología de trabajo. Los hombres que portan el trono del Cristo de la Caída únicamente realizan tres ensayos, intercalando un domingo sí y otro no, dejando los 15 días antes de Semana Santa para descansar. “Son cuatro horas de ensayo, primero se repasan las medidas de la gente, ubicarlos, realizar pequeñas modificaciones, etc. y luego, durante dos horas y media, ensayamos cargando el trono”, explica Moisés Martínez, capataz de la cofradía. Pablo La Torre, costalero de la misma, confiesa que hay momentos para todo, pero que ya no es un sacrificio procesionar gracias a la reducción del número de ensayos y a la participación en el recorrido, con más costaleros y el relevo durante el mismo. “Ahora podemos disfrutar más, antes se disfrutaba, pero de otra manera, era más castigado. Ahora bajo el paso tienes tu momento y también cuando sales y lo ves. Antes entrabas y durante cinco horas no sabías lo que estaba pasando fuera”. En la misma Hermandad, las costaleras que bailan a la Virgen del Rosario ensayan seis veces siguiendo la misma metodología que los hombres. Bandas de música Sin embargo, la preparación de las bandas de música es mayor. Carmen Díez toca el tambor en la banda de Tambores de la Caída desde hace nueve años y la corneta en la banda de Cornetas y Tambores de Guardamar desde hace cinco, aunque comenzó siendo nazareno en la Caída durante 15 años. En la banda de tambores de la Caída se realizan 18 ensayos, los martes y los jueves, dos meses antes de Semana Santa. Sin embargo, en la banda de música de la Flagelación de Guardamar ensayan todo el año. “Mucha gente dice que comprar una banda es muy caro, son ocho mil euros, pero ensayamos todo el año y es un trabajo duro”, comenta Díez. La ilicitana asegura que estar en una banda es un gran sacrificio. “Cuando vivía en Elche iba a Guardamar a ensayar tres veces a la semana, salía de casa a las seis de la mañana para ir al trabajo y llegaba a las diez de la noche después de ensayar”. Preparación y formación A pesar de realizar solo tres ensayos, el capataz de la Cofradía de la Caída lleva a cabo una labor importante de planificación de ensayos en diciembre y posteriormente una labor administrativa en la que se informa a los costaleros. A partir de ahí, se desarrollan las actividades de la Cuaresma (40 días antes de la Semana Santa), momento en el que se inician los ensayos hasta que comienza Semana Santa. “La primera convocatoria de ensayos, denominada Iguala, se suele hacer de mediados a finales de enero. En ese ensayo se constatan las bajas e incorporaciones que hay y, en base a esa medida, se ubican en la cuadrilla en función de su altura (de altos a más bajos)”, explica Moisés Martínez. «Damos una formación en la técnica de carga de Costal» (M. Martínez) Entre la Iguala y el primer ensayo, la Cofradía de la Caída da una formación técnica sobre cargar, ya que mucha gente que se presenta no sabe la técnica de costal y es necesaria. “Esta formación no la dan la mayoría de cofradías y hay diferentes estilos de carga: malagueño, a un hombro; al estilo granadino, con dos hombros y la técnica de costal (por debajo)”, expone Pablo La Torre, costalero de la misma Cofradía. Sangre cofrade Familias como la de Pablo La Torre hacen posible la conservación de esta tradición. Este costalero proviene de una familia plenamente cofrade. Su abuelo fue fundador, después de la Guerra Civil española, de la Ilustre Hermandad y Cofradía de Ntro. Padre Jesús de la Caída y María Stma. del Rosario. «Tantos años esperando a salir como costalero y cuando llega el momento llueve» (P. La Torre) La Torre se convirtió en nazareno con tan solo dos años. A los 10 años procesionó como costalero infantil y a los 16 inició su recorrido como costalero. 15 años le separan de su primera salida, un recuerdo con sabor amargo. “Tantos años esperando a salir como costalero y cuando llega el momento llueve. Era la primera vez en 140 años que la Cofradía no procesionaba”, cuenta con nostalgia La Torre. Por fortuna, conserva un recuerdo muy bonito del año siguiente al procesionar por primera vez junto a su hermano. “Ese año se retiraba y lo llevaba delante, un recuerdo que cubrió el amargor del año anterior”, explica. Ana Isabel Ruiz comparte el mismo amor a esta cofradía; así se lo enseñó su padre, quién comenzó en la banda de tambores. Su familia ha pertenecido a esta hermandad, su padre inició la tradición, ella la siguió y ahora sus hijos la retoman. Ana Isabel ha sido nazareno desde pequeña, tambor, camarera de la Virgen y actualmente Alet (hoy día llamada diputada de gobierno) y jefa de desfile. Labores necesarias y muy demandadas en una cofradía aunque no tan famosas como la función de costalera. Una Alet se encarga de organizar a los nazarenos a lo largo del paso y ayudan a los niños que conforman el cortejo durante todo el recorrido. Las jefas de desfile se ocupan de gestionar y administrar el tiempo del que dispone el paso para llegar a los puntos marcados, el más importante el Ayuntamiento. “Nos conectamos internamente entre los diferentes responsables de nuestra cofradía a través de walkie-talkies para estar informados de la evolución del recorrido”. Relacionado

La Semana Santa ilicitana posee una gran carga humana que esconde mucha preparación y esfuerzo

- Escrito el 03 abril, 2017, 11:00 am
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El ritmo antiguo de los tambores y las cornetas anuncia la llegada

El sonido seco e incesante crea un ambiente dramático que eriza la piel del espectador. A lo lejos, se visualizan los primeros nazarenos. Mujeres y hombres conducen un trono por las calles ilicitanas a paso firme y metódico, algunos con los pies descalzos y encadenados portadores de promesas. Una fila de rostros que reflejan el cansancio y la satisfacción. El olor a incienso se propaga entre la multitud y los niños esperan impacientes los caramelos mientras preparan sus bolsas.

Es Semana Santa. Siete días de celebración, tradición y cultura donde se recuerda la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Miles de personas se movilizan para disfrutar de esta festividad. Una representación con una gran carga humana que esconde mucha preparación y el esfuerzo de todo un año.

El número de ensayos de la Cofradía la Caída se reduce, pero las jornadas se intensifican aumentando el peso de carga en el trono

A pesar de que el número de ensayos de las cofradías y hermandades se ha reducido, las convocatorias son más intensas e incluso el peso de los tronos se ha doblado. La Hermandad y Cofradía de Ntro. Padre Jesús de la Caída y María Stma. del Rosario es una de las cofradías que ha cambiado la metodología de trabajo. Los hombres que portan el trono del Cristo de la Caída únicamente realizan tres ensayos, intercalando un domingo sí y otro no, dejando los 15 días antes de Semana Santa para descansar.

“Son cuatro horas de ensayo, primero se repasan las medidas de la gente, ubicarlos, realizar pequeñas modificaciones, etc. y luego, durante dos horas y media, ensayamos cargando el trono”, explica Moisés Martínez, capataz de la cofradía. Pablo La Torre, costalero de la misma, confiesa que hay momentos para todo, pero que ya no es un sacrificio procesionar gracias a la reducción del número de ensayos y a la participación en el recorrido, con más costaleros y el relevo durante el mismo. “Ahora podemos disfrutar más, antes se disfrutaba, pero de otra manera, era más castigado. Ahora bajo el paso tienes tu momento y también cuando sales y lo ves. Antes entrabas y durante cinco horas no sabías lo que estaba pasando fuera”. En la misma Hermandad, las costaleras que bailan a la Virgen del Rosario ensayan seis veces siguiendo la misma metodología que los hombres.

Bandas de música

Sin embargo, la preparación de las bandas de música es mayor. Carmen Díez toca el tambor en la banda de Tambores de la Caída desde hace nueve años y la corneta en la banda de Cornetas y Tambores de Guardamar desde hace cinco, aunque comenzó siendo nazareno en la Caída durante 15 años.

En la banda de tambores de la Caída se realizan 18 ensayos, los martes y los jueves, dos meses antes de Semana Santa. Sin embargo, en la banda de música de la Flagelación de Guardamar ensayan todo el año. “Mucha gente dice que comprar una banda es muy caro, son ocho mil euros, pero ensayamos todo el año y es un trabajo duro”, comenta Díez.

La ilicitana asegura que estar en una banda es un gran sacrificio. “Cuando vivía en Elche iba a Guardamar a ensayar tres veces a la semana, salía de casa a las seis de la mañana para ir al trabajo y llegaba a las diez de la noche después de ensayar”.

Preparación y formación

A pesar de realizar solo tres ensayos, el capataz de la Cofradía de la Caída lleva a cabo una labor importante de planificación de ensayos en diciembre y posteriormente una labor administrativa en la que se informa a los costaleros. A partir de ahí, se desarrollan las actividades de la Cuaresma (40 días antes de la Semana Santa), momento en el que se inician los ensayos hasta que comienza Semana Santa.

“La primera convocatoria de ensayos, denominada Iguala, se suele hacer de mediados a finales de enero. En ese ensayo se constatan las bajas e incorporaciones que hay y, en base a esa medida, se ubican en la cuadrilla en función de su altura (de altos a más bajos)”, explica Moisés Martínez.

«Damos una formación en la técnica de carga de Costal» (M. Martínez)

Entre la Iguala y el primer ensayo, la Cofradía de la Caída da una formación técnica sobre cargar, ya que mucha gente que se presenta no sabe la técnica de costal y es necesaria. “Esta formación no la dan la mayoría de cofradías y hay diferentes estilos de carga: malagueño, a un hombro; al estilo granadino, con dos hombros y la técnica de costal (por debajo)”, expone Pablo La Torre, costalero de la misma Cofradía.

Sangre cofrade

Familias como la de Pablo La Torre hacen posible la conservación de esta tradición. Este costalero proviene de una familia plenamente cofrade. Su abuelo fue fundador, después de la Guerra Civil española, de la Ilustre Hermandad y Cofradía de Ntro. Padre Jesús de la Caída y María Stma. del Rosario.

«Tantos años esperando a salir como costalero y cuando llega el momento llueve» (P. La Torre)

La Torre se convirtió en nazareno con tan solo dos años. A los 10 años procesionó como costalero infantil y a los 16 inició su recorrido como costalero. 15 años le separan de su primera salida, un recuerdo con sabor amargo. “Tantos años esperando a salir como costalero y cuando llega el momento llueve. Era la primera vez en 140 años que la Cofradía no procesionaba”, cuenta con nostalgia La Torre. Por fortuna, conserva un recuerdo muy bonito del año siguiente al procesionar por primera vez junto a su hermano. “Ese año se retiraba y lo llevaba delante, un recuerdo que cubrió el amargor del año anterior”, explica.

Ana Isabel Ruiz comparte el mismo amor a esta cofradía; así se lo enseñó su padre, quién comenzó en la banda de tambores. Su familia ha pertenecido a esta hermandad, su padre inició la tradición, ella la siguió y ahora sus hijos la retoman. Ana Isabel ha sido nazareno desde pequeña, tambor, camarera de la Virgen y actualmente Alet (hoy día llamada diputada de gobierno) y jefa de desfile. Labores necesarias y muy demandadas en una cofradía aunque no tan famosas como la función de costalera.

Una Alet se encarga de organizar a los nazarenos a lo largo del paso y ayudan a los niños que conforman el cortejo durante todo el recorrido. Las jefas de desfile se ocupan de gestionar y administrar el tiempo del que dispone el paso para llegar a los puntos marcados, el más importante el Ayuntamiento. “Nos conectamos internamente entre los diferentes responsables de nuestra cofradía a través de walkie-talkies para estar informados de la evolución del recorrido”.