El taller municipal enseña cada año el oficio de la palma blanca para que perdure una tradición centenaria

Un oficio artesano en el que solo se utilizan las manos que pacientemente trabajan durante horas las palmas que se lucirán el Domingo de Ramos por todo el mundo El taller municipal cuenta con treinta alumnos que llevan desde enero aprendiendo este difícil arte cuatro horas diarias. La mayoría lucirá sus trabajos en la procesión y participaran en el concurso que cada año nos deja ver auténticas obras de arte. «La principal dificultad no es solo trabajar la palma, también mantenerla en su estado fresco» (C. Rodrigo) Conchi Rodrigo Serrano es, desde hace años, quién imparte este taller. “La principal dificultad no es solo trabajar la palma, sino mantenerla en su estado fresco para que se conserve bien hasta el día de la procesión. Para ello tienen que permanecer en cámaras a la temperatura adecuada, pero eso no es fácil porque una palma pequeña en una hora la tienes hecha y la puedes guardar, pero con las grandes son muchas horas e incluso días, y no solo es complicado por la temperatura sino por la rentabilidad en el número de palmas trabajadas cuando acaba el día. Las más trabajadas, que van a concurso, nos pueden ocupar una semana para una sola palma, pero en este caso en el taller municipal las palmas que hacemos no son para venta, son para uso personal de los alumnos y del Ayuntamiento” ¿Las manos se castigan mucho con los años? Pues curiosamente tengo que decirte que no. Es más, no conozco a nadie que trabaje la palma y que tenga artrosis o problemas de articulación en las manos, e incluso muchas personas que han venido con falta de movilidad en las manos han mejorado sorprendentemente gracias al ejercicio diario que realizan al trabajar la palma. Yo llevo toda la vida haciéndolo y las tengo perfectas al igual que el resto de mi familia. Es un trabajo que sigue siendo familiar, los hombres palmereros y las mujeres a trabajar la palma, así ha sido y sigue siendo, aunque cada vez menos. En mi caso soy la única de mis hermanos que sigue dedicada a ello y nuestros hijos ayudan cuando llega esta época, pero no tienen intención de perpetuar la tradición familiar. Por eso es importante impartir estos cursos para que vayan asegurando este oficio tan nuestro. ¿Cuánto tiempo llevas dedicándote a este oficio? Me lo preguntan mucho y yo siempre digo que mi madre me daba el pecho cuando nací mientras trabajaba las palmas, por lo tanto, de toda la vida, desde muy pequeña. Tu familia es una de las de mayor arraigo en todo lo que rodea a las palmeras. ¿Cómo fueron sus inicios? Mi abuelo y mi tío eran palmereros, trabajaban la palmera desde muy jóvenes, se encargaban del ´encaperuzado`, que es la técnica que se sigue para evitar que les dé el sol y la palma quede blanca, de recoger y vender dátiles y de preparar las palmas, y las mujeres de la familia se encargaban de la elaboración de las palmas y de hacer el pan de dátil. Y así hasta estos días, a mí y a mis primas nos enseñaron ya de pequeñas el oficio. «Hay una química especial entre la palmera y mi familia» (C. Rodrigo) Hay una química especial entre la palmera y mi familia que nos tiene ligada a ella generación tras generación hasta estos días, aunque nuestros hijos no tengan muy claro querer seguir la tradición. Es fundamental la creatividad, pero también la técnica. ¿Cuáles son los pasos a seguir? Cuando vienen los alumnos por primera vez, y entran en contacto con la palma, lo primero que hay que hacer es empezar a familiarizarse con el tacto e iniciar el trenzado para rizarla. Una vez lo aprenden ya entra en juego la creatividad y las horas de experiencia para seguir avanzando. Lógicamente, hay que guardar una estética y tener en cuenta a qué tipo de celebración van dirigidas. El Papa y Doña Leticia Entre los talleres familiares que se siguen dedicando a la elaboración de la Palma Blanca destaca este, el de los Serrano Valero, un local antiguo y sencillo desde donde salen las principales palmas que van dirigidas a personalidades. De entre todas ellas las que más se miman son la del Papa, que cada año viaja al Vaticano, y la de la reina de España, Doña Leticia. La del Papa es más sobria y con motivos eclesiásticos y la de la reina va mucho más adornada y se emplean días en su elaboración. En semana Santa se pondrán a la venta, en los puestos que se instalan, y las veremos lisas, rizadas, para niños, de solapa y todas ellas tendrán en su interior un trocito de historia y tradición ilicitana que perdura con el paso de los siglos. La procesión del Domingo de Ramos tiene seis siglos de historia y en 1997 se declaró como Fiesta de Interés Turístico Internacional. Relacionado

Un trabajo que se hereda de padres a hijos y que en su día los antepasados de Conchi Rodrigo lo aprendieron de forma autodidacta

- Escrito el 03 abril, 2017, 7:00 pm
7 mins
Un oficio artesano en el que solo se utilizan las manos que pacientemente trabajan durante horas las palmas que se lucirán el Domingo de Ramos por todo el mundo

El taller municipal cuenta con treinta alumnos que llevan desde enero aprendiendo este difícil arte cuatro horas diarias. La mayoría lucirá sus trabajos en la procesión y participaran en el concurso que cada año nos deja ver auténticas obras de arte.

«La principal dificultad no es solo trabajar la palma, también mantenerla en su estado fresco» (C. Rodrigo)

Conchi Rodrigo Serrano es, desde hace años, quién imparte este taller. “La principal dificultad no es solo trabajar la palma, sino mantenerla en su estado fresco para que se conserve bien hasta el día de la procesión. Para ello tienen que permanecer en cámaras a la temperatura adecuada, pero eso no es fácil porque una palma pequeña en una hora la tienes hecha y la puedes guardar, pero con las grandes son muchas horas e incluso días, y no solo es complicado por la temperatura sino por la rentabilidad en el número de palmas trabajadas cuando acaba el día. Las más trabajadas, que van a concurso, nos pueden ocupar una semana para una sola palma, pero en este caso en el taller municipal las palmas que hacemos no son para venta, son para uso personal de los alumnos y del Ayuntamiento”

¿Las manos se castigan mucho con los años?

Pues curiosamente tengo que decirte que no. Es más, no conozco a nadie que trabaje la palma y que tenga artrosis o problemas de articulación en las manos, e incluso muchas personas que han venido con falta de movilidad en las manos han mejorado sorprendentemente gracias al ejercicio diario que realizan al trabajar la palma. Yo llevo toda la vida haciéndolo y las tengo perfectas al igual que el resto de mi familia.

Es un trabajo que sigue siendo familiar, los hombres palmereros y las mujeres a trabajar la palma, así ha sido y sigue siendo, aunque cada vez menos. En mi caso soy la única de mis hermanos que sigue dedicada a ello y nuestros hijos ayudan cuando llega esta época, pero no tienen intención de perpetuar la tradición familiar. Por eso es importante impartir estos cursos para que vayan asegurando este oficio tan nuestro.

¿Cuánto tiempo llevas dedicándote a este oficio?

Me lo preguntan mucho y yo siempre digo que mi madre me daba el pecho cuando nací mientras trabajaba las palmas, por lo tanto, de toda la vida, desde muy pequeña.

Tu familia es una de las de mayor arraigo en todo lo que rodea a las palmeras. ¿Cómo fueron sus inicios?

Mi abuelo y mi tío eran palmereros, trabajaban la palmera desde muy jóvenes, se encargaban del ´encaperuzado`, que es la técnica que se sigue para evitar que les dé el sol y la palma quede blanca, de recoger y vender dátiles y de preparar las palmas, y las mujeres de la familia se encargaban de la elaboración de las palmas y de hacer el pan de dátil. Y así hasta estos días, a mí y a mis primas nos enseñaron ya de pequeñas el oficio.

«Hay una química especial entre la palmera y mi familia» (C. Rodrigo)

Hay una química especial entre la palmera y mi familia que nos tiene ligada a ella generación tras generación hasta estos días, aunque nuestros hijos no tengan muy claro querer seguir la tradición.

Es fundamental la creatividad, pero también la técnica. ¿Cuáles son los pasos a seguir?

Cuando vienen los alumnos por primera vez, y entran en contacto con la palma, lo primero que hay que hacer es empezar a familiarizarse con el tacto e iniciar el trenzado para rizarla. Una vez lo aprenden ya entra en juego la creatividad y las horas de experiencia para seguir avanzando. Lógicamente, hay que guardar una estética y tener en cuenta a qué tipo de celebración van dirigidas.

El Papa y Doña Leticia

Entre los talleres familiares que se siguen dedicando a la elaboración de la Palma Blanca destaca este, el de los Serrano Valero, un local antiguo y sencillo desde donde salen las principales palmas que van dirigidas a personalidades. De entre todas ellas las que más se miman son la del Papa, que cada año viaja al Vaticano, y la de la reina de España, Doña Leticia. La del Papa es más sobria y con motivos eclesiásticos y la de la reina va mucho más adornada y se emplean días en su elaboración.

En semana Santa se pondrán a la venta, en los puestos que se instalan, y las veremos lisas, rizadas, para niños, de solapa y todas ellas tendrán en su interior un trocito de historia y tradición ilicitana que perdura con el paso de los siglos.

La procesión del Domingo de Ramos tiene seis siglos de historia y en 1997 se declaró como Fiesta de Interés Turístico Internacional.