Un reto para nuestro tiempo

Alejandro Díaz Chaves | Secretario General de Joves Socialistes d’Elx Juventud y política, dos palabras difíciles de encontrar en una misma frase; a menos que sea para referirnos a la desafección de los jóvenes hacia la política y que, bajo mi punto de vista, supone uno de los mayores retos de nuestro tiempo y para el futuro. Son muchos los factores que han supuesto la ruptura del interés de la juventud con la política. El primero y más importante es el distanciamiento de los dirigentes políticos para con los jóvenes y sus problemas. Hemos vivido unos años en los que la política se ha centrado en los grandes problemas del país y se ha olvidado por completo de un sector de la sociedad muy vulnerable, los jóvenes. ¿Y por qué vulnerable? Muy sencillo, somos los que estamos empezando a construir nuestro futuro, adquiriendo conocimientos y buscando el camino que transitaremos a lo largo de nuestra vida. Hay un camino que por desgracia, miles de jóvenes están empezando a recorrer de forma habitual, las prácticas que encubren empleos, los salarios precarios, los contratos “temporales-indefinidos”, y el de la falta de oportunidades laborales. Todo bajo una espesa capa de incertidumbre y miedo al futuro que hace imposible plantearse nada más en la vida que encontrar un trabajo, sea el que sea.  Y suponiendo esto un desastre para un sector de la sociedad que en el futuro se convertirá en el motor del país. Otro elemento y no por eso menos importante, es la corrupción política. No hay día que amanezca sin conocer un nuevo caso o la imputación de más personas a los casos ya investigados. Imputados que durante años se han pavoneado delante de las cámaras de su ejemplaridad y honestidad, mientras presuntamente recibían dinero de comisiones ilegales y de amaño de concursos públicos. Imposible no quedar atónito ante la facilidad que algunos personajes tienen para burlarse de todos los ciudadanos mientras  saquean el dinero público. Un joven que une estos dos elementos; el distanciamiento de los políticos y la corrupción, termina por quedarse sin argumentos para manifestar cualquier interés en la política y por tanto participar en ella. Vivimos en uno de los periodos de cambio más intensos de la historia, en el que cada día la tecnología y la globalización transforma la sociedad a pasos agigantados. Periodo en el que las redes sociales se han convertido en la principal herramienta para mostrar el descontento social, sustituyendo a aquellas famosas manifestaciones universitarias de los años 80. Los jóvenes debemos tener muy presente que los problemas no se solucionan de forma individual o a través de una red social, sino de forma colectiva, aunando esfuerzos para buscar las soluciones necesarias a los retos que tenemos por delante. Por eso es de vital importancia que los jóvenes participen en la vida política, ya sea a través de una asociación que traslade las reivindicaciones a las instituciones públicas o en un partido político . De nuestra participación dependerá en mayor o menor medida, que las soluciones que hoy se busquen, sean las que en un futuro necesitemos realmente. Como joven conozco perfectamente la desafección de la juventud y soy consciente de que el panorama político actual no invita a participar, pero quiero plantear una cuestión a los jóvenes Ilicitanos: ¿Es posible que exista una renovación política y una reorientación de las políticas públicas, sin que los jóvenes, que al final serán los destinatarios de dichas políticas, participen en ella? No podemos pretender que la juventud perciba de forma diferente a la política si primero no entienden que la política es útil y necesaria para solucionar sus problemas. No será bien vista la política si no impregnamos de ejemplaridad a todas y cada una de las acciones públicas. No pretendo que los políticos sean superhéroes pero sí que actúen con pulcritud absoluta. Que su vocación en las instituciones públicas al servicio de los ciudadanos esté fuera de toda duda. Cierto es que los escándalos de los últimos años han eclipsado una realidad: la de cientos y miles de políticos honrados y decentes que trabajan duro y con convicción para hacer posible aquello en lo que creen. Pero que ninguna persona, joven o no, espere que las cosas cambien porque sí. Ningún logro se ha alcanzado sin esfuerzo, sacrificio y renuncias personales. Será muy complicado, quizás imposible, que algo cambie si no hay jóvenes comprometidos. Dispuestos a entregarse a la muy honorable tarea de dar lo mejor de cada uno para cambiar la sociedad en la que viven. Hombres y mujeres que, a pesar de su juventud, están dispuestos a encender una luz en lugar de limitarse a maldecir las tinieblas. Por todo ello, afirmo con rotundidad que los jóvenes debemos ser conscientes de que es imprescindible que nos impliquemos en defender, con todas nuestras fuerzas, los avances que tantos sacrificios costaron a nuestros padres y abuelos. Derechos como la educación o sanidad universal no cayeron del cielo. Son una conquista de muchos trabajadores que quisieron construir para las siguientes generaciones un mundo mejor del que conocieron. ¿No vamos a hacer todo lo que esté en nuestras manos por defenderlo? El mundo no se cambia simplemente retuiteando, ni desde el banco de una plaza. La sociedad se transforma desde las administraciones públicas, con lealtad y convicción. Y de eso, los jóvenes sabemos mucho. Relacionado

- Escrito el 30 enero, 2017, 6:32 pm
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Alejandro Díaz Chaves | Secretario General de Joves Socialistes d’Elx

Foto. Alejandro Díaz Chaves | Secretario General de Joves Socialistes d’Elx

Juventud y política, dos palabras difíciles de encontrar en una misma frase; a menos que sea para referirnos a la desafección de los jóvenes hacia la política y que, bajo mi punto de vista, supone uno de los mayores retos de nuestro tiempo y para el futuro.

Son muchos los factores que han supuesto la ruptura del interés de la juventud con la política. El primero y más importante es el distanciamiento de los dirigentes políticos para con los jóvenes y sus problemas. Hemos vivido unos años en los que la política se ha centrado en los grandes problemas del país y se ha olvidado por completo de un sector de la sociedad muy vulnerable, los jóvenes.

¿Y por qué vulnerable? Muy sencillo, somos los que estamos empezando a construir nuestro futuro, adquiriendo conocimientos y buscando el camino que transitaremos a lo largo de nuestra vida. Hay un camino que por desgracia, miles de jóvenes están empezando a recorrer de forma habitual, las prácticas que encubren empleos, los salarios precarios, los contratos “temporales-indefinidos”, y el de la falta de oportunidades laborales. Todo bajo una espesa capa de incertidumbre y miedo al futuro que hace imposible plantearse nada más en la vida que encontrar un trabajo, sea el que sea.  Y suponiendo esto un desastre para un sector de la sociedad que en el futuro se convertirá en el motor del país.

Otro elemento y no por eso menos importante, es la corrupción política. No hay día que amanezca sin conocer un nuevo caso o la imputación de más personas a los casos ya investigados. Imputados que durante años se han pavoneado delante de las cámaras de su ejemplaridad y honestidad, mientras presuntamente recibían dinero de comisiones ilegales y de amaño de concursos públicos. Imposible no quedar atónito ante la facilidad que algunos personajes tienen para burlarse de todos los ciudadanos mientras  saquean el dinero público.

Un joven que une estos dos elementos; el distanciamiento de los políticos y la corrupción, termina por quedarse sin argumentos para manifestar cualquier interés en la política y por tanto participar en ella.

Vivimos en uno de los periodos de cambio más intensos de la historia, en el que cada día la tecnología y la globalización transforma la sociedad a pasos agigantados. Periodo en el que las redes sociales se han convertido en la principal herramienta para mostrar el descontento social, sustituyendo a aquellas famosas manifestaciones universitarias de los años 80.

Los jóvenes debemos tener muy presente que los problemas no se solucionan de forma individual o a través de una red social, sino de forma colectiva, aunando esfuerzos para buscar las soluciones necesarias a los retos que tenemos por delante. Por eso es de vital importancia que los jóvenes participen en la vida política, ya sea a través de una asociación que traslade las reivindicaciones a las instituciones públicas o en un partido político . De nuestra participación dependerá en mayor o menor medida, que las soluciones que hoy se busquen, sean las que en un futuro necesitemos realmente.

Como joven conozco perfectamente la desafección de la juventud y soy consciente de que el panorama político actual no invita a participar, pero quiero plantear una cuestión a los jóvenes Ilicitanos:

¿Es posible que exista una renovación política y una reorientación de las políticas públicas, sin que los jóvenes, que al final serán los destinatarios de dichas políticas, participen en ella?

No podemos pretender que la juventud perciba de forma diferente a la política si primero no entienden que la política es útil y necesaria para solucionar sus problemas.

No será bien vista la política si no impregnamos de ejemplaridad a todas y cada una de las acciones públicas. No pretendo que los políticos sean superhéroes pero sí que actúen con pulcritud absoluta. Que su vocación en las instituciones públicas al servicio de los ciudadanos esté fuera de toda duda. Cierto es que los escándalos de los últimos años han eclipsado una realidad: la de cientos y miles de políticos honrados y decentes que trabajan duro y con convicción para hacer posible aquello en lo que creen.

Pero que ninguna persona, joven o no, espere que las cosas cambien porque sí. Ningún logro se ha alcanzado sin esfuerzo, sacrificio y renuncias personales. Será muy complicado, quizás imposible, que algo cambie si no hay jóvenes comprometidos. Dispuestos a entregarse a la muy honorable tarea de dar lo mejor de cada uno para cambiar la sociedad en la que viven. Hombres y mujeres que, a pesar de su juventud, están dispuestos a encender una luz en lugar de limitarse a maldecir las tinieblas.

Por todo ello, afirmo con rotundidad que los jóvenes debemos ser conscientes de que es imprescindible que nos impliquemos en defender, con todas nuestras fuerzas, los avances que tantos sacrificios costaron a nuestros padres y abuelos. Derechos como la educación o sanidad universal no cayeron del cielo. Son una conquista de muchos trabajadores que quisieron construir para las siguientes generaciones un mundo mejor del que conocieron. ¿No vamos a hacer todo lo que esté en nuestras manos por defenderlo?

El mundo no se cambia simplemente retuiteando, ni desde el banco de una plaza. La sociedad se transforma desde las administraciones públicas, con lealtad y convicción. Y de eso, los jóvenes sabemos mucho.

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