Vicente Ferrández: “Con la cantera de ahora, Elche nunca habría abandonado la élite del voleibol”

Entrevista> Vicente Ferrández. Exjugador de voleibol A un lustro vista de su retirada del voleibol al máximo nivel, con sólo 31 años, para enrolarse en la docencia y el deporte de base en su colegio de toda la vida, ¿valora la decisión como acertada? Ha sido un cambio de vida radical, pero para mejor. Fue una decisión complicada, porque la vida del deportista está muy bien, pero lo que hago ahora es algo que me llena. Ser maestro y ver a los chavales, tanto dentro como fuera del aula, me hace pensar que ahora me toca a mí ser el que les dé una oportunidad en la vida. Y me encanta. Sobre todo por el estilo educativo del colegio Salesianos que, además, es de dónde salí yo. Se promueve una vocación a través de los valores. Encaja a la perfección con lo que yo he recibido. Como tutor de segundo curso, me enfrento todos los días a 28 chavales de siete años con ganas de vivir y de que les enseñe. Implementado con un modelo deportivo que es una máquina de éxitos reconocida en varias ocasiones como la mejor cantera de España. ¿Cómo interviene usted? Al mediodía hago extraescolares de voleibol con los benjamines y alevines. Y las tardes de los lunes, los miércoles y los viernes entreno a los infantiles. Eso sí, las de los martes y los jueves son para disfrutar de mi hija. Los iniciamos en segundo, con siete años, a hacer juegos parecidos al voleibol. No es lo mismo dar una patada a un balón que golpearlo con las manos o conseguir agarrarlo. Es mucho más difícil. Y ya en tercero, como hicieron conmigo, se empieza a jugar al voleibol. Es lo mismo que se hacía antes porque sigue aquí Juan Antonio Martínez, que es quien prácticamente ha inventado el voleibol en Elche, y, si algo funciona, es mejor no tocarlo. Evidentemente, hay que innovar, pero manteniendo la base que ha creado todo esto. En el caso de los chicos, ¿cuánto afecta en la formación y recorrido carecer de un equipo en la élite como referencia? Ahí tenemos un problema. Yo estoy convencido de que el club nunca hubiera perdido su plaza en Superliga masculina si en aquella época hubiésemos tenido la cantera que hay ahora. Entonces no había el movimiento de gente tan involucrada que hay ahora. Pero es verdad que al no tener un equipo referente no ven una meta. Entonces, cuando tienen estudios y otras historias, se pueden perder por el camino pensando que, total, no van a llegar a nada. Sin embargo, en el caso de los chicos, tenemos un proyecto juvenil que hacía tiempo que no se daba, con un entrenador muy muy involucrado y haciendo rendir al equipo muy bien. El objetivo es mantener a esos jugadores y que lleguen a categoría sénior. Dentro de tres o cuatro años se puede hacer un equipo para competir, como mínimo, en Superliga 2. Hoy en día el voleibol es mucho más accesible que antes y pocos equipos en España tienen la cantera que tenemos nosotros. El nivel lo dan y quién sabe si incorporando cada año a dos o tres que vayan destacando por abajo podremos optar a Superliga. Usted ha vivido en primera persona la cara y la cruz del Club Voleibol Elche al más alto nivel. En 2003 ganan la Copa del Rey en Gijón y, en 2008, después de una etapa en Almería, vuelve seducido por un ambicioso proyecto que acaba en el drama que acaba de mencionar. Fue un proyecto para estar arriba en el que estuve involucrado incluso en los fichajes. Pero cuando acabo de cerrar mi contrato con Almería y vengo a Elche saltan las alarmas. J’Hayber (por entonces patrocinador del equipo) no puede hacer frente y nos quedamos sin patrocinio. Nos movemos por todos los lados y no apareció nada que pudiera sostener al equipo en la máxima categoría. Yo mismo fui unos de los encargados de moverme por el Parque Industrial. Tenía fichados a varios jugadores y, como yo, tuvieron que buscarse equipo. Con unos 70.000 euros el equipo se hubiese mantenido. Se va a Murcia y después a Vecindario. ¿En qué momento dice basta? Murcia me motivó e hicimos un buen primer año, pero el presidente se equivocó y el club desapareció. Realmente el mundo del voleibol es así salvo para tres o cuatro equipos. Entonces la idea era dar un salto al extranjero. En España bajaron mucho los presupuestos y el rendimiento que dabas en la pista no se veía recompensado. Un mediador me consiguió un equipo en Francia. Un viernes estaba todo hablado para irme un par de temporadas y el domingo, cuando di la respuesta definitiva, ya tenían firmado a otro jugador. Aparece Vecindario con un buen proyecto y me voy para allá. Pero ya tenía 31 años, veía que el voleibol se estaba apagando y es cuando me proponen una oferta distinta de trabajo. Toca estudiarlo. En la posición de colocador podría haber aguantado tres o cuatro años más, pero viendo cómo estaba el panorama… ¿Lo echa de menos? Todos los días. El gusanillo no se va. Esa salsilla de la competición, sobre todo los ratos de la Copa del Rey. Hace un par de meses me llamó un compañero que está jugando en Superliga 2 con el Petrer, pero ahora mismo no estoy dispuesto a involucrarme en algo que no sé si voy a poder hacer. Tengo una familia y un trabajo que me exige horas dentro y fuera. ¿Que sale aquí en Elche? Pues es distinto, porque es tu club y algo encontraríamos para estar metido. ¿Cree en la viabilidad de un deporte minoritario como el voleibol en Elche? Este verano se encontró la fórmula para financiar a las chicas en Superliga 2. Con las chicas se ha hecho un esfuerzo terrible. Es un proyecto que ve la luz gracias a David Agulló (miembro del cuerpo técnico del CV Elche) y su empresa Vizius. Fue una apuesta fuerte que se hizo en 24 horas para que el club tuviera un referente de máximo nivel. Se están intentando dar fórmulas para que el voleibol crezca en Elche, pero hemos tenido muchos problemas. Nos han quitado el pabellón en el que estábamos por el de la universidad, que no es el más adecuado. Después toca jugar los partidos en La Hoya, que ya hay que desplazarse. Hay que vender el producto y si te vas a La Hoya es más difícil. No se trata de pedir dinero sino de darle sentido a esa aportación. Salen pequeños patrocinadores, pero en el club estamos ahorrando hasta en el último detalle para que ese equipo se mantenga. ¿Son conscientes sus pupilos de quién fue Vicente como jugador? Intento transmitir mis conocimientos, no voy promulgando lo que he hecho antes o he dejado de hacer, pero sí es verdad que van entendiendo que he sido jugador y prestan mucha más atención a lo que les dices. Los días de lluvia me encanta ponerles la final de la Copa del Rey que ganamos con Elche. Les digo: “Mirad, dentro de unos años podréis estar ahí jugando”. ¿Piensa en un futuro como entrenador profesional? Cuando regresé a Elche en 2011 llevé al equipo y con Carlos Alves (exjugador de Superliga y técnico ahora en el CV Elche) y lo que había por aquí subimos a Primera Nacional. Pero los horarios son incompatibles con el trabajo y la familia. Si aparece un equipo que me llena para hacer fuerte al club y que los chavales tengan un referente, seguro que estaría involucrado. Como primer entrenador, si se me permite, no diría que no. Estamos ante un deporte con la misma persona al frente de la Federación Española (RFEVB) durante 16 años y que acaba de ser reelegida. Pero no da sensación de crecimiento. ¿Qué opina sobre la gestión de Agustín Martín? El voleibol no se sostiene y es una inversión prácticamente perdida porque no hay repercusión. Si no hay televisión no hay deporte. Y a nivel federativo es un problemón. Tiene cabida porque es divertido, tiene acción y puntos espectaculares. Toda mi vida deportiva ha sido con Agustín Martín como presidente de la Federación y, depende para qué cosas, sí se ha movido. Ha sido más un captador, pero no se ha centrado en cómo invertir el dinero. No puede ser que una federación tenga superávit y no se invierta en algo que pueda beneficiar a los clubes y a la promoción del voleibol. ¿Cómo puede ser que cuando España se proclama campeona de Europa en 2007 no repunte a nivel nacional con los chavales? Hubo falta de habilidades para acertar en eso. Encima, a los equipos se les pide unas cantidades de dinero muy altas para como están. No estoy ni a favor ni en contra del modelo actual, pero no está funcionando ni tirando nuestro deporte hacia arriba.     Relacionado

- Escrito el 02 febrero, 2017, 9:00 am
13 mins

Entrevista> Vicente Ferrández. Exjugador de voleibol

A un lustro vista de su retirada del voleibol al máximo nivel, con sólo 31 años, para enrolarse en la docencia y el deporte de base en su colegio de toda la vida, ¿valora la decisión como acertada?

Ha sido un cambio de vida radical, pero para mejor. Fue una decisión complicada, porque la vida del deportista está muy bien, pero lo que hago ahora es algo que me llena. Ser maestro y ver a los chavales, tanto dentro como fuera del aula, me hace pensar que ahora me toca a mí ser el que les dé una oportunidad en la vida. Y me encanta. Sobre todo por el estilo educativo del colegio Salesianos que, además, es de dónde salí yo. Se promueve una vocación a través de los valores. Encaja a la perfección con lo que yo he recibido. Como tutor de segundo curso, me enfrento todos los días a 28 chavales de siete años con ganas de vivir y de que les enseñe.

Implementado con un modelo deportivo que es una máquina de éxitos reconocida en varias ocasiones como la mejor cantera de España. ¿Cómo interviene usted?

Al mediodía hago extraescolares de voleibol con los benjamines y alevines. Y las tardes de los lunes, los miércoles y los viernes entreno a los infantiles. Eso sí, las de los martes y los jueves son para disfrutar de mi hija. Los iniciamos en segundo, con siete años, a hacer juegos parecidos al voleibol. No es lo mismo dar una patada a un balón que golpearlo con las manos o conseguir agarrarlo. Es mucho más difícil. Y ya en tercero, como hicieron conmigo, se empieza a jugar al voleibol. Es lo mismo que se hacía antes porque sigue aquí Juan Antonio Martínez, que es quien prácticamente ha inventado el voleibol en Elche, y, si algo funciona, es mejor no tocarlo. Evidentemente, hay que innovar, pero manteniendo la base que ha creado todo esto.

En el caso de los chicos, ¿cuánto afecta en la formación y recorrido carecer de un equipo en la élite como referencia?

Ahí tenemos un problema. Yo estoy convencido de que el club nunca hubiera perdido su plaza en Superliga masculina si en aquella época hubiésemos tenido la cantera que hay ahora. Entonces no había el movimiento de gente tan involucrada que hay ahora. Pero es verdad que al no tener un equipo referente no ven una meta. Entonces, cuando tienen estudios y otras historias, se pueden perder por el camino pensando que, total, no van a llegar a nada.

Sin embargo, en el caso de los chicos, tenemos un proyecto juvenil que hacía tiempo que no se daba, con un entrenador muy muy involucrado y haciendo rendir al equipo muy bien. El objetivo es mantener a esos jugadores y que lleguen a categoría sénior. Dentro de tres o cuatro años se puede hacer un equipo para competir, como mínimo, en Superliga 2. Hoy en día el voleibol es mucho más accesible que antes y pocos equipos en España tienen la cantera que tenemos nosotros. El nivel lo dan y quién sabe si incorporando cada año a dos o tres que vayan destacando por abajo podremos optar a Superliga.

Usted ha vivido en primera persona la cara y la cruz del Club Voleibol Elche al más alto nivel. En 2003 ganan la Copa del Rey en Gijón y, en 2008, después de una etapa en Almería, vuelve seducido por un ambicioso proyecto que acaba en el drama que acaba de mencionar.

Fue un proyecto para estar arriba en el que estuve involucrado incluso en los fichajes. Pero cuando acabo de cerrar mi contrato con Almería y vengo a Elche saltan las alarmas. J’Hayber (por entonces patrocinador del equipo) no puede hacer frente y nos quedamos sin patrocinio. Nos movemos por todos los lados y no apareció nada que pudiera sostener al equipo en la máxima categoría. Yo mismo fui unos de los encargados de moverme por el Parque Industrial. Tenía fichados a varios jugadores y, como yo, tuvieron que buscarse equipo. Con unos 70.000 euros el equipo se hubiese mantenido.

Se va a Murcia y después a Vecindario. ¿En qué momento dice basta?

Murcia me motivó e hicimos un buen primer año, pero el presidente se equivocó y el club desapareció. Realmente el mundo del voleibol es así salvo para tres o cuatro equipos. Entonces la idea era dar un salto al extranjero. En España bajaron mucho los presupuestos y el rendimiento que dabas en la pista no se veía recompensado. Un mediador me consiguió un equipo en Francia.

Un viernes estaba todo hablado para irme un par de temporadas y el domingo, cuando di la respuesta definitiva, ya tenían firmado a otro jugador. Aparece Vecindario con un buen proyecto y me voy para allá. Pero ya tenía 31 años, veía que el voleibol se estaba apagando y es cuando me proponen una oferta distinta de trabajo. Toca estudiarlo. En la posición de colocador podría haber aguantado tres o cuatro años más, pero viendo cómo estaba el panorama…

¿Lo echa de menos?

Todos los días. El gusanillo no se va. Esa salsilla de la competición, sobre todo los ratos de la Copa del Rey. Hace un par de meses me llamó un compañero que está jugando en Superliga 2 con el Petrer, pero ahora mismo no estoy dispuesto a involucrarme en algo que no sé si voy a poder hacer. Tengo una familia y un trabajo que me exige horas dentro y fuera. ¿Que sale aquí en Elche? Pues es distinto, porque es tu club y algo encontraríamos para estar metido.

¿Cree en la viabilidad de un deporte minoritario como el voleibol en Elche? Este verano se encontró la fórmula para financiar a las chicas en Superliga 2.

Con las chicas se ha hecho un esfuerzo terrible. Es un proyecto que ve la luz gracias a David Agulló (miembro del cuerpo técnico del CV Elche) y su empresa Vizius. Fue una apuesta fuerte que se hizo en 24 horas para que el club tuviera un referente de máximo nivel. Se están intentando dar fórmulas para que el voleibol crezca en Elche, pero hemos tenido muchos problemas. Nos han quitado el pabellón en el que estábamos por el de la universidad, que no es el más adecuado. Después toca jugar los partidos en La Hoya, que ya hay que desplazarse. Hay que vender el producto y si te vas a La Hoya es más difícil. No se trata de pedir dinero sino de darle sentido a esa aportación. Salen pequeños patrocinadores, pero en el club estamos ahorrando hasta en el último detalle para que ese equipo se mantenga.

¿Son conscientes sus pupilos de quién fue Vicente como jugador?

Intento transmitir mis conocimientos, no voy promulgando lo que he hecho antes o he dejado de hacer, pero sí es verdad que van entendiendo que he sido jugador y prestan mucha más atención a lo que les dices. Los días de lluvia me encanta ponerles la final de la Copa del Rey que ganamos con Elche. Les digo: “Mirad, dentro de unos años podréis estar ahí jugando”.

¿Piensa en un futuro como entrenador profesional?

Cuando regresé a Elche en 2011 llevé al equipo y con Carlos Alves (exjugador de Superliga y técnico ahora en el CV Elche) y lo que había por aquí subimos a Primera Nacional. Pero los horarios son incompatibles con el trabajo y la familia. Si aparece un equipo que me llena para hacer fuerte al club y que los chavales tengan un referente, seguro que estaría involucrado. Como primer entrenador, si se me permite, no diría que no.

Estamos ante un deporte con la misma persona al frente de la Federación Española (RFEVB) durante 16 años y que acaba de ser reelegida. Pero no da sensación de crecimiento. ¿Qué opina sobre la gestión de Agustín Martín?

El voleibol no se sostiene y es una inversión prácticamente perdida porque no hay repercusión. Si no hay televisión no hay deporte. Y a nivel federativo es un problemón. Tiene cabida porque es divertido, tiene acción y puntos espectaculares. Toda mi vida deportiva ha sido con Agustín Martín como presidente de la Federación y, depende para qué cosas, sí se ha movido. Ha sido más un captador, pero no se ha centrado en cómo invertir el dinero.

No puede ser que una federación tenga superávit y no se invierta en algo que pueda beneficiar a los clubes y a la promoción del voleibol. ¿Cómo puede ser que cuando España se proclama campeona de Europa en 2007 no repunte a nivel nacional con los chavales? Hubo falta de habilidades para acertar en eso. Encima, a los equipos se les pide unas cantidades de dinero muy altas para como están. No estoy ni a favor ni en contra del modelo actual, pero no está funcionando ni tirando nuestro deporte hacia arriba.