A vista de palmera | Elche en el año 1884

- Escrito el 27 enero, 2018, 10:56 pm
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Estamos en 1884 (MDCCCLXXXIV):

La España de 1884 se encuentra padeciendo unos extraordinarios temporales de viento, lluvia y nieve. A las desgracias, fruto de ese mal tiempo, se suma varios terremotos en el sureste de la península. En las provincias de Almería y Granada ocasionan estos temblores más de 1200 muertos y cerca de 1500 heridos.

Las cosas en la Villa de Elche no son menos malas.

Y eso que en mayo de ese año todos los ilicitanos aplaudimos una buena noticia. La llegada del ferrocarril al municipio ha supuesto un progreso en la industria alpargatera. La mejora de las comunicaciones y del transporte de mercancías con la península ha hecho revitalizar la fabricación y suman ya más de un centenar de empresas que dan trabajo a cerca del 80% de la población obrera.

Pero como decía 1884 no es un buen año para los ilicitanos. Es en el mes de septiembre cuando ha sido declarada una epidemia, una enfermedad infecciosa llamada cólera.

Desde lo más alto del municipio veo que el recrudecimiento de casos de contagio observado en el vecino municipio de Novelda y la gravedad que afecta a la población de Elche, no sólo demuestra la existencia de grandes focos de infección, sino que hace temer la posibilidad de que se extienda y afecte a otras poblaciones de toda la huerta de la provincia de Alicante.

Las condiciones en la Villa ilicitana hacen que el escenario para la propagación de la infección sea extraordinaria, pues al lado de nuestro pueblo, como ya lo saben, corre el rio Vinalopó cuyas aguas pasan antes por Novelda, y sabido es que las aguas de los ríos son excelentes conductores de los gérmenes de infección colérica.

La cifra de invadidos que el telégrafo transmite a todas horas es desconsoladora, pues representan un caso por cada mil habitantes, no llega esta proporción a los casos ocurridos en Nápoles, ciudad donde ha hecho mayores estragos. Invadidos es el término que, por estos años, llamamos a los enfermos del cólera.

Las autoridades de Elche, a juzgar por los telegramas remitidos, están trabajando sin descanso para evitar el contagio. Procuran aislar los focos y adoptan todas las medidas higiénicas aconsejadas por la ciencia. Pero temen que estos esfuerzos no produzcan tan buenos resultados como sería de desear, no ya por la escasez de los recursos de que pueden disponer en los primeros momentos, sino porque los casos presentados lo han sido en puntos distintos de la población.

El gobierno central ha dictado enérgicas disposiciones para atajar la epidemia en Elche, contándose entre otras, la prohibición de aprovechar, sin ciertas precauciones, las aguas del río Vinalopó en el lavado de ropas y otros usos de la vida. Estas medidas se han hecho extensivas a lodos los pueblos que se sirven de las aguas del citado río.

Las fuerzas militares acordonan a finales de septiembre la Villa ilicitana impidiendo la entrada o salida de sus habitantes. Aunque muchos de ellos marcharon días antes del acordonamiento a casas de familiares y amigos en el extenso campo ilicitano. El cierre del municipio ocasiona, en esas fechas, falta de los alimentos básicos para los vecinos de esta ciudad.

Pero es a finales de octubre de este 1884 cuando empiezan a llegar mejores reseñas. La epidemia de Elche puede decirse que ha desaparecido. En el octubre del 84 no hay ningún atacado, y los enfermos todos han sido dados de alta. Por datos que se ha facilitado aparece que el número de invadidos ha sido el de 110 y el de muertos 64, siendo la mayor parte de estos, niños, mujeres y ancianos.

La población que huyó al campo ilicitano ha contribuido, en gran manera, a que la enfermedad no haya causado mayores estragos.

Como broche final, en noviembre de este año, la provincia y Elche en particular sufre graves inundaciones. Una abundante lluvia como no se ha conocido otra parecida en España, que ha inundado calles de la población convirtiéndolas en ríos, anegando los pisos bajos de las casas y llevando a la mayor pérdida de la cosecha en el campo. Y es en esta zona, el campo ilicitano, el que se ha llevado la peor parte al destrozar totalmente doce casas arrastradas por una lengua de agua. En definitiva… un mal año este 1884.

Yo mientras tanto… sigo creciendo…

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