«El Elche me ha devuelto la ilusión por jugar al fútbol»

Una grave lesión le apartó un tiempo de los terrenos de juego, pero, según nos cuenta, le ayudó a madurar y valorar más las cosas

- Escrito el 07 noviembre, 2018, 2:00 pm
18 mins

Entrevista > Xavi Torres / Centrocampista del Elche (Jávea, 21-noviembre-1986)

 

Xavi Torres se maneja en la sala de prensa con la misma energía con la que devora kilómetros sobre el terreno de juego. Su carrera futbolística es un torbellino de anécdotas y vivencias, no todas agradables, desde que a los 13 años abandonó su Jávea del alma para comenzar un sueño en Villarreal.

La aventura del fútbol le ha llevado desde vivir títulos en el Barça de Guardiola a jugar con el Real Betis en Europa, pasando por el mejor Levante conocido o el Málaga de los petrodólares. Ahora, tras una breve etapa en Australia, donde oxigenó mente y cuerpo tras algunos desengaños futbolísticos, regresa a la terreta cargado de entusiasmo, con el objetivo de echar raíces y ser feliz. “Aquí en el Elche lo soy, aunque no juegue”, asegura.

 

Su trayectoria, con casi 200 partidos en Primera, impresiona. ¿Se siente el fichaje estrella del Elche?

En absoluto. Soy un jugador más. Es verdad que tengo más experiencia acumulada en Primera y Segunda que otros compañeros de la plantilla que han llegado al equipo este verano, pero también en el Elche hay jugadores como Nino, con un historial impresionante.

 

Después de pelear por Ligas y de jugar por entrar en Europa, ¿se puede mantener la motivación para jugar en una categoría tan áspera como la Segunda?

Claro. A mí me encanta el fútbol y me gusta jugar dónde sea. Me da igual el escenario, porque mi motivación es la misma de siempre. Es lo mismo un campo de Primera que ir, por ejemplo, a Almendralejo. Yo voy a correr igual.

 

Vayamos al inicio de su historia. Abandona Jávea siendo un niño para enrolarse en un Villarreal que, por entonces, no era lo que es ahora.

Yo de pequeño era más del Valencia, pero el Villarreal vino a por mí y me fui a su residencia con 13 años. Allí no lo pasé bien, la verdad.

 

¿Qué sucedió?

Yo era un chico de estudiar y allí no se daba el ambiente ideal para hacerlo. Demasiada gente joven. Además siempre estabas cambiando de compañeros y con el miedo de no saber si contarían contigo al año siguiente.

Te inculcan unos valores como persona y deportista, pero no quería seguir en residencias. Sé que es normal esa exigencia deportiva en las canteras de los equipos grandes, porque al final llegan muy pocos y los clubes tienen que mirar por sus intereses para recuperar lo invertido. Pero cuando vi que se me cerraban las puertas del primer equipo decidí irme al Alicante.

 

En el Alicante solo estuvo un año, pero fue muy intenso.

Uno de los mejores de mi carrera. Llegué de la mano de Álvaro Cervera, al que había tenido como entrenador en el Villarreal juvenil, y lo jugué todo esa temporada, marcando cuatro goles. El Alicante era un club familiar y disfrutamos mucho. Merecimos el ascenso a Segunda ante el Racing de Ferrol, pero se nos escapó de forma injusta y cruel.

 

Y tras la decepción en la promoción llega la llamada del Barcelona.

Sí, pasé de estar a un gol de jugar en Segunda División a fichar por el Barcelona B en Tercera, pero no me importó. Tenía otras ofertas de Segunda, pero ni lo pensé. Era estar en Barcelona y a las órdenes de Pep Guardiola. No se podía pedir más.

 

Usted forma parte del equipo de Guardiola que logra el ascenso a Segunda B. ¿Ya intuía que sería un gran entrenador?

Sin duda. Era todo pasión por el fútbol. Cada día era una lección y más conmigo, que era mediocentro, como él. Es una persona que no para de enseñarte, muy exigente. Es como un profesor. Ese año disfrutamos mucho. Había partidos que terminábamos de jugar y casi ni había sudado porque apenas corría. Siempre teníamos el balón.

 

Allí coincidió con Busquets, Pedrito…

Yo jugaba al lado de Sergio. Es un fenómeno. Es capaz de leer el fútbol diez segundos antes que los demás. Por eso hace lo que hace.

 

¿Quién fue su modelo de joven?

Como simpatizaba con el Valencia, durante una época lo fue Albelda. Luego en Villarreal me fijé mucho en Marcos Senna. Y cuando ves a Busquets intentas aprender cosas de él. Siempre te fijas más en los jugadores que ocupan tu posición.

 

Usted sale en las fotos y pasillos del triplete de Guardiola. ¿Cómo vivió esa experiencia?

Fue increíble. Llegué a jugar un partido de Champions y dos de Liga. Les podré contar a mis hijos que yo jugué con todas esas estrellas. No están ahí por ser guapos, sino porque son los mejores del Mundo. El secreto de ese equipo no era solo su calidad, sino el hambre de ganar que tenían todos. Empezando por Guardiola. Se volvían locos cuando perdían un partido.

 

¿Con qué se queda de aquella etapa?

Con todo. Entrenar con Xavi, Iniesta, Messi, Ronaldinho o Deco… Me fui de allí porque me lo aconsejó el propio Guardiola. Me dijo que aceptara la oferta del Málaga. Y que si triunfaba allí, volvería.

 

Y se marcha al Málaga, pero allí las cosas no funcionan

Comencé bien, jugando. Pero tras un problema con Muñiz, que era el entrenador, salí del equipo. Yo era casi un juvenil y debí gestionar esa situación de otra manera.

 

Tras su etapa en La Rosaleda se va cedido al Levante. Y allí lo juega todo y triunfa. ¿Fue su mejor etapa?

Fui muy feliz, porque las cosas nos salieron y, además, estaba al lado de mi casa. Estuve dos años en los que logramos ser líderes con el Levante y clasificarlo, por primera vez en su historia, para Europa.

 

Y tras pasar por el Getafe y cuajar una gran temporada llega al Real Betis, otra plaza apasionante y complicada.

Así es. Es un club grande, en el que todo son extremos. Comencé bien, pero tuve la mala suerte de romperme el tendón de Aquiles y aquello me paró. El equipo descendió. Luego, tras el ascenso a Primera, viví una situación difícil porque el director deportivo no contaba conmigo y pensé que lo mejor era salir de allí.

 

Apuesta por el Sporting de Gijón, con el que desciende, y decide marcharse al exilio en Australia. ¿Por qué tan lejos?

Quedé muy quemado del año en el Sporting de Gijón. No jugaba mucho y, además, el equipo descendió. Pasaron cosas raras. Estaba dolido y quise cambiar de aires. Australia me pareció una buena opción. Pagaban bien y mi pareja me animó, así que nos fuimos para allá.

 

¿Qué fútbol se encontró allí?

Uno muy competitivo. Estamos equivocados a veces al juzgar las competiciones de otros países. Allí hay un buen nivel. Hay muchos jugadores de origen europeo, sobre todo británicos. Nos pensamos que la Liga nuestra es la mejor del mundo, y es verdad, pero eso no quiere decir que las demás, como la australiana o la estadounidense, sean una porquería.

 

Cuando fue presentado en el Elche comentó que dejó Australia por una mala experiencia personal. ¿Qué pasó?

No tiene nada que ver con lo deportivo. Fiché por un club que está en la parte este del continente y la mayoría de los equipos estaban en la otra costa. Los viajes más cortos eran como de Alicante a Moscú. Y para aprovechar los desplazamientos jugábamos dos partidos fuera, lo que suponía más de una semana sin ver a mi mujer.

Además, acabábamos de ser padres. No podía disfrutar del bebé ni de mi mujer. Ni ellos de mí. Tenía claro que no iba a renovar y que deseaba regresar a España lo antes posible.

 

Y entonces aparece el Elche.

Había clubes interesados, pero estaba el problema del límite salarial y tocó esperar. En cuanto salió la opción del Elche ni lo pensé. Yo soy de esta tierra y siempre he querido lo mejor para los clubes de aquí. Era volver a casa, a una hora de coche de la paella que hace mi madre y del local en el que se reúnen mis amigos de toda la vida. Hubiera pagado yo por jugar en el Elche.

 

¿Qué ilusiones tiene para esta temporada?

Las mismas que el Elche: lograr la permanencia. Este es un club grande y creo que desde abajo se están haciendo las cosas bien. Y ayudar en todo lo que pueda a que se consiga. Estoy encantado aquí porque el Elche me ha devuelto la ilusión de jugar al fútbol. Ojalá pueda estar muchos años.

 

Comenzó como titular, pero ha perdido protagonismo…

Estuve mucho tiempo parado y eso se nota. Comencé jugando, pero tuve una lesión y ahora toca esperar para volver a entrar en el equipo para ayudar en lo que se me pida. A estas alturas ya no me enfado por jugar 20 minutos, ya no soy un juvenil.

 

Usted en sus inicios era un jugador portentoso que llegaba de área a área, pero ahora se le ve más táctico y comedido. ¿Por qué ese cambio?

Es posible que haya habido una evolución táctica con los años, pero sigo siendo el que más kilómetros recorre en el equipo. En el fútbol, como en todo, hay modas. Hay veces que se apuesta por un tipo de centrocampista o se le pide una cosa concreta. Y al año siguiente la cosa cambia y se buscan otras diferentes.

También depende de las características de los compañeros que tengas. No es que me haya hecho más cómodo. Puedo haber cambiado cosas tácticamente, pero sigue sin importarme correr por mi compañero. Es mi forma de jugar.

 

Ahora, superada la treintena, se intuye que valora otras cosas por encima de títulos o dinero.

Todos jugamos para ganar y todos queremos participar más, pero yo soy feliz con lo que tengo ahora. Si no juego pero el equipo gana, soy feliz. A veces mi padre, cuando me ha visto que no era feliz, me decía que volviera a Jávea, que no necesitaba más.

Pero en Elche eso no me pasa, estoy muy contento y deseando ayudar al equipo. Además, aquí he encontrado un vestuario muy sano y unido, parecido al que había en el Barcelona.

 

Como futbolista de elite tuvo un arranque de carrera meteórico, pero también una lesión grave que le frenó en seco años después. ¿Qué aprendió durante aquella etapa?

A madurar y valorar las cosas. Cuando me rompí el tendón en el Betis tenía que ir a un hospital de Sevilla a hacer la rehabilitación con otras personas que habían sufrido accidentes muy graves. Esa experiencia te marca, porque te crees que, como futbolista, se hunde el mundo por una lesión cuando a tu lado hay gente que se quedó sin un brazo por un accidente o que deberá ir el resto de su vida con muletas.

Hice muy buena relación con ellos y nos íbamos juntos a almorzar. Recuerdo que el día que acabé mi rehabilitación me puse a llorar, porque sabía que los iba a echar de menos. Esas cosas te ponen los pies en el suelo.

 

¿Qué planes tiene para el futuro una vez decida colgar las botas?

Quiero ser entrenador de fútbol. Es algo que siento que lo llevo dentro. Me encanta el fútbol. Estoy deseando llegar a casa para ver cualquier partido que den por la televisión.

 

¿Qué modelo le gustaría seguir?

He tenido la suerte de compartir vestuario y conocer a muchos, como Guardiola, Luis Enrique, Pelegrini, Rubí, Juan Ignacio Martínez, Pacheta… Me quedo con algo de todos. De Pacheta, por ejemplo, con muchas cosas. De Guardiola también, incluso algunas que me pueden gustar menos. Lo bueno de haber tenido tantas experiencias es que puedo aprender de todos.

 

Por último, no me resisto a preguntarle por su paisano más universal, David Ferrer.

Qué más se puede decir de él. No hay palabras. David es un grande como deportista y un amigo. Ha logrado estar entre los mejores del mundo durante más de una década. Es un ejemplo, admirado por todos los deportistas, incluido sus rivales.

Dentro de poco vendrá a ver algún partido del Elche. Es verdad que ha coincidido en el tiempo con otro monstruo del tenis español (Nadal), pero eso no ha ensombrecido su trayectoria ni su figura.